Febrero tiene un bonito cumpleaños anotado. No en vano, es de las más importantes efemérides del anuario literario de España. Se cumplen ciento ochenta y un años del nacimiento de Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida. Posiblemente sea más conocido como Gustavo Adolfo Bécquer. Cultivó a lo largo de su vida el género lírico y la narración fantástica. Era un romántico. De los mejores de su tiempo. Empero, tiempo pasado. Quiso ser romántico tardío y sin excesivo reconocimiento en vida. Sólo tras su deceso y posterior publicación logró tocar el Olimpo.

Bécquer, el hombre

Fue hijo y descendiente de pintores. Su padre, José Domínguez Insausti, fomentó la continuidad de dicha tradición entre sus hijos Gustavo y Valeriano. Falleció cuando el poeta contaba cuatro años. Seis años después quedaron huérfanos ambos hermanos por parte de madre. Sus inquietudes literarias emergieron fruto de su estancia con su madrina Manuela Monnehay Moreno. La selectiva biblioteca que presidía la burguesa casa sirvió de refugio al joven Bécquer. Asimismo, su tío Joaquín Domínguez Bécquer pagó sus estudios de latín. Supo comprender que no sería, en sus propias palabras, “nunca un buen pintor, sino un mal literato”.

Gustavo Adolfo Bécquer || Fuente: wikipedia.es

Recaló en Madrid en 1854. Allí colaboró con varias publicaciones literarias. El trono y la nobleza, entre otras. Con el pretexto de subsistir económicamente, compuso algunas comedias y zarzuelas. De igual modo, mantuvo un precario empleo en la Dirección de Bienes Nacionales con escaso éxito. Unido a la ambición del neófito literato, comenzaron a asaltarle las musas del amor. Fue Josefina Espín, hija del músico Joaquín Espín y Guillén, la inspiración de sus primeros poemas. Por aquellas fechas ejerció como crítico en el diario La Época.

Bien entrada la mitad del siglo, le acecharía la tuberculosis. La relación del poeta con la enfermedad sería constante hasta la fecha de su deceso. A pesar de ello, su vida comenzó a tomar un carácter más asentado. Conoció en 1861 a la que sería su mujer, Casta Esteban, con la que tuvo tres hijos. Bécquer comenzó a escribir para el recién fundado periódico El Contemporáneo. La remuneración de su trabajo le permitía la manutención de su familia y una tímida dedicación a su obra literaria.

En 1863, sufrió una grave recaída de la tuberculosis. Tras una breve recuperación en a los pies del Moncayo, se trasladó a Sevilla con Valeriano. Entre turbias relaciones con su mujer y supuestas infidelidades, marchó a Toledo a finales de década. En 1870, volvió a Madrid con la intención de dirigir un diario de nueva aparición, La Ilustración de Madrid. En el mes de septiembre falleció su inseparable hermano. Ello lo sumió en una profunda depresión que agravó su enfermedad. Gustavo Adolfo Bécquer falleció el 22 de diciembre de 1870. “Todo mortal”, fueron sus últimas palabras.

Bécquer, la obra

Destaca, en el conjunto de la obra de Gustavo Adolfo Bécquer, por un lado sus Rimas y por otro sus Leyendas. Las leyendas narradas en fina prosa intimista evocan al pasado histórico al más puro estilo romántico. Además, se caracterizan por la introducción de elementos fantásticos e insólitos en el cómputo de historias narradas. Las Leyendas, al contrario que las Rimas, fueron publicándose a lo largo de su vida en los periódicos donde colaboró.

La prosa de Bécquer encuentra gran influencia en el Romanticismo alemán de autores como Heinrich Heine. De ahí el destacar el recurso de acudir a un marco caracterizado por la epicidad histórica y el misticismo de los pasajes oscuros. La temática de estas historias abarca hasta tres conceptos: los peligros del idealismo, unidos a su carácter punitivo y el poder de las fuerzas sobrenaturales. Esto es, la violación de un tabú cualquiera para satisfacer el hedonismo propio provoca el consiguiente desencadenamiento de la tragedia. Entre las mejores leyendas están Maese Pérez, el organista o El Miserere.

Leyendas de Bécquer || Fuente: Flickr – autor: mariabzz

La poesía de Bécquer bien puede considerarse un extenso diario de sus pensamientos e ideas a lo largo de su existencia. En una estructura general de doce rimas, el autor busca la idealización de la mujer. Junto a ello, el llanto del propio desengaño y el pesimismo propio. Por otro lado, la muerte goza de especial protagonismo en su obra lírica. Las Rimas de Bécquer son, en total, noventa y cuatro breves y cálidos puntos de vista del Romanticismo en clave española. Entre las más conocidas están la Rima IX, Rima XXI y Rima LIII.

“¡Todo sucederá! Podrá la muerte/cubrirme con su fúnebre crespón/pero jamás en mí podrá apagarse/la llama de tu amor” sentenciaba Bécquer en su Rima LXXVIII. Con el tibio febrero que pasó en la memoria, a medida que sale tímido el sol, merece la pena recordar a uno de esos poetas esenciales de la literatura española. Por muchos años más en la memoria.

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