Desde una ventana se vislumbra, en medio del frío de un campo invernal, una caperuza roja que cruza el solitario camino acompasada por el balanceo de una cesta de mimbre. De inmediato se ilustra en las mentes del lector la imagen de la Caperucita Roja, uno de los cuentos tradicionales que goza de más popularidad.

La figura de Caperucita Roja constituye una imagen universal, que ha sido empleada en numerosas ocasiones. En la versión primigenia de Perrault la niña degusta, sin ser advertida de ello, un estofado cuya carne proviene del cadáver de su abuela. El canibalismo en esta versión es evidente. Posteriormente hubo un segundo final, en donde el lobo mata despiadadamente a Caperucita y a su abuela.

Los hermanos Grimm, expertos en cuentos como ha pontificado ya el Monty Python Terry Gilliam, quisieron ofrecer una versión en la que el cazador practica una cirugía en la barriga del lobo y saca vivas a Caperucita y a su abuela.

Caperucita surrealista

El lobo para Buñuel Caperucita Roja

Diario de una camarera

Se puede dar un repaso a su historia partiendo del mismísimo Luis Buñuel, mago y máximo exponente del cine del surrealismo. En la película francesa Diario de una camarera Célestine es una doncella que entra a servir en una casa nueva para ella. Ante el brutal asesinato de una pequeña niña que correteaba por el bosque portando una cestita la sirvienta sospecha de Joseph, un rudo campesino. Para atraerle a una confesión certera le espera pacientemente en la cama, arropada por las sábanas.

Buñuel subvierte el papel Lobo-Caperucita. De Joseph, de quien se conjetura que fue el homicida-pedófilo de la pequeña Claire, la pequeña Caperucita del bosque, se llega a Célestine. Esta toma la venganza y espera al Lobo-Joseph, que ante sus brazos se metamorfosea en la presa de la doncella.

Caperucita Vintage

Henry_Peach_R_Mum and Lil Red

Mum and Lil Red Riding Hood || Henry Peach Robinson

El fotógrafo Henry Peach Robinson, fascinado por el cuento tradicional, también quiso brindar su versión del cuento a través de su particular destreza. En tres imágenes en tonos sepia se desarrolla la historia de Caperucita Roja. Estas fotografías formaron parte de la imprescindible exposición que tuvo lugar en Londres este año: Drawn by Light. El espectador deberá guiarse por su fiel memoria y reproducir en su cabeza los diálogos y el movimiento que acompañan a las escenas.

La última imagen representa a la niña próxima a la figura del lobo. Ya sin caperuza y con la cesta precipitada al suelo, símbolos quizás de esa pérdida de inocencia que vendrá a continuación, la pequeña se asoma al peligro que la acecha bajo las sábanas. Es significativo que el fotógrafo no deseara continuar la historia con una cuarta imagen. Se abandona al espectador a la libre interpretación del final.

Caperucita para Roald Dahl

Roald Dahl es el genio de los cuentos que rozan los paisajes más siniestros. Claros ejemplos pueden ser las temibles villanas calvas de Las brujas, la torturada niña con poderes Matilda o la pobreza de Charlie y la fábrica de chocolate. Siendo así, es natural que Dahl se viera tentado por la historia de Caperucita.

En este caso la versión aparece en verso. A caballo entre la risa y la brutalidad, se observa el final de la historia, que recoge los elementos más innovadores:

“The small girl smiles. One eyelid flickers.
She whips a pistol from her knickers.
She aims it at the creature’s head,
And bang bang bang, she shoots him dead.
A few weeks later, in the wood,
I came across Miss Riding Hood.
But what a change! No cloak of red,
No silly hood upon her head.
She said, “Hello, and do please note
My lovely furry wolfskin coat.”

La lista infante extrae de su corsé una pistola con la que da fin a la vida del malvado lobo. En este caso es la propia Caperucita la que se convierte en el Lobo y muy alegremente, “no silly hood upon her head”, se pasea coqueta con un abrigo hecho con las pieles de su presa. Roald Dahl se burla del cuento original por medio de comentarios en clave de humor que plagan el poema, como el momento en el que el Lobo corrige a la niña:

“Have you forgot
To tell me what BIG TEETH I’ve got?
Ah well, no matter what you say,
I’m going to eat you anyway.”

Caperucita musical

Existe una canción titulada «Lil`Red Riding Hood» que cantan Sam the Sham and the Pharaons. La letra viene acompañada de un viodeoclip que es digno de mención: una sugerente y sensualísima Betty Boop, antaño novia de América, va caminando por el bosque al ritmo de un par de ligas que se deslizan por sus pulidos muslos. Mientras tanto, un lobo la observa y prepara los cubiertos ante la visión de tal muchacha de boca de piñón y ojos grandes:

«What big eyes you have,
the kind of eyes that drive wolves mad»

Tanto la letra como el videoclip, en el que finalmente el lobo acaba besando a Caperucita-Betty Boop y columpiándose rodeados de corazones voladores, se refieren al deseo sexual que el lobo experimenta al contemplar a Caperucita. Canibalismo, comer para fundirse con el amado, el minúsculo vestido de Betty Boop y la letra de de Sam the Sham and the Pharaons ofrecen una interpretación del cuento original, en el que ya late juego del deseo sexual:

«Hey there little red riding hood
you sure are looking good
you’re everything that a big bad wolf could want«

Caperucita: sexo, drogas y fotografía

hard candy

Hard Candy

La versión del cuento más cercana al tiempo actual lleva por título Hard Candy. La dulce Juno de Ellen Page, aquí Hayley, encarna el papel de una despiadada adolescente de sudadera escarlata que se cobra la violación y muerte de una amiga suya.

Existen algunos elementos tomados del cuento tradicional. En la película de Buñuel las referencias son claras y el escenario del bosque, la cesta y la niña cruzando el bosque atraen a la mente las características del cuento de Perrault. Sin embargo en Hard Candy Hayley saborea una tarta acompañada del lobo feroz, Patrick Wilson.

El Watchmen Patrick Wilson, fotógrafo profesional, recibe en su lujosa casa a la niña. En un intento de jugar con el espectador, David Slade ofrece una significativa toma al principio de la película. Hayley sube al coche del desconocido fotógrafo y mira a la cámara con tristeza y hasta miedo. El coche arranca. Nadie averigua lo que va a suceder, pero el espectador cae en la trampa preguntándose si el lobo se comerá a Caperucita.

No obstante, en cuanto a cuentos populares no se debe caer en lo previsible. Será Caperucita la que haga que el Lobo sufra lo indecible, drogándole hasta perder el sentido y llegando a amputarle los testículos. El lobo será completamente consciente de la inquisición que se va a practicar en su cuerpo, persiguiendo con su atormentada mirada los diestros movimientos de la adolescente. De nuevo y como en el film de Buñuel, se halla aquí la alteración de los roles clásicos.

Caperucitas modernas

La famosa firma de colonia Chanel presentó una Caperucita de mejillas coloradas muy parisina. Sustituye la cesta con tortas por un perfume muy caro, dejando al lobo aullando a sus espaldas. Ese anuncio jamás pudo ser borrado de la cabeza del público por mucha nieve y turrones que hayan bombardeado las pantallas desde 1998.

Por último, hay que dedicarle un breve espacio a una nueva muñeca que plaga las estanterías de los Hamleys y los Toy’s R Us desde hace ya un par de años. En lugar de muñecas-arquetipo, en este caso Mattel ha diseñado una colección de muñecas que son las hijas de las protagonistas de los cuentos. También le toca su parte a Caperucita.

Pero no hay que quedarse en la mera imagen de una muñeca con caperuza roja con la que se puede jugar a tomar el té, no. Habría que señalar brevemente su origen. Y es que esta vez Cerise Hood es hija de… Caperucita y el Lobo feroz. Ante este cuadro que nos ofrece la más actual interpretación de Caperucita, que cada uno deje volar su imaginación.

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