En Bath, aparte de los maravillosos baños romanos en donde resuenan pasos de antiguos fantasmas extremadamente higiénicos, se puede encontrar la deliciosa obra The bride of the death de Thomas Jones Barker. Más allá de los vapores verdes del agua caliente ella duerme, escondida y recóndita. Pues no todo tiene que ser la preciosa Ofelia de Millais. En la tierra de las tumbas del XIX cercando parques, ahora infantiles, antaño de la muerte, hasta las niñas pequeñas juegan a la comba saltando sobre una lápida cubierta de musgo y de breves pasitos de ardilla.

La muerte serena de esta joven de tez translúcida recuerda a otra muchacha, también pálida, también ataviada con una blanca túnica: The execution of lady Jane Grey de Paul Delaroche. Con el cabello salpicado de cobrizo y los brazos con esa hinchazón que acompaña la muerte, ambos lienzos semejan un antes y un después. Lady Jane Grey, casi ya muerta, despierta la belleza descansada de la prometida de la muerte.

En el mismo país del té con leche y chicas con flores en el pelo, en la Royal Photography Society collection, está Henry Peach Robinson y su Fading away de 1858. Esta obra fue polémica dado que se presentó en un contexto en el que muchas familias eran víctimas de la tuberculosis. Simplemente no pudieron apreciar la belleza de la muerte porque ellos también estaban muriendo.

Fading away Henry Peach Robinson Edgar Alan Poe

Fading away, Henry Peach Robinson || metmuseum.org

La muerte femenina y Poe

Lo que quizás atrapa de estas representaciones, siguiendo a Poe, es que se pueda llegar a un nexo de unión entre la serenidad y calma de estos colores y el atractivo de la muerte que cubre el cuerpo de la joven desconocida. Algo similar a lo que ocurre con el lienzo titulado The death of Albine, firmado por John Collier. Pues, como no solo existe la muerte dormida de la Ofelia de Millais, tampoco navega entre los escasos sesenta poemas de Poe únicamente la popular Annabell Lee, levitando «in this kingdom by the sea». En “The sleeper” la amada yace en un contexto de flores y quietud:

«The rosemary nods upon the grave;
The lilly lolls upon the wave
(…)
The bodiless airs, a wizard rout,
Flit through thy chamber in and out»

John Collier Edgar Alan Poe

The death of Albine, John Collier || bbc.co.uk

Pero “The sleeper” no es un título casual. Para Poe, en Philosophy of Composition, “la muerte de una mujer bella es, incuestionablemente, el tema más poético del mundo”. Por ello la muerte se enfoca como el tranquilo sueño de la durmiente:

«The lady sleeps! Oh, may her sleep,
Which is enduring, so be deep!
Heaven have her in its sacred keep!
This chamber changed for one more holy,
This bed for one more melancholy»

Aquí Edgar Alan Poe brinda a la muerta el descanso triste de un sueño solitario cubierto de azucenas y de romero, flores vivas recuerdo de la dama que con su cuerpo alimenta estas raíces, y de las ruinas, aquello que deja al abandonar la vida y aquello en que ella se convertirá. “Polvo serán, mas polvo enamorado” que diría Quevedo.

Edgar Alan Poet

Como la imagen real de la niña saltando sobre la tumba, que tuvo lugar más o menos el invierno pasado del 2014 en St Albans, la durmiente “in childhood, many an idle stone/ Some tomb from out whose sounding door/ She ne’er shall force an echo more”. Y en un ambiente de paz y flores duerme «Leonore»:

«The life upon her yellow hair but not within her eyes-
The life still there, upon her hair- the death upon her eyes»

El cabello rubio parece que todavía viva frente la vacuidad de los ojos, muertas cuencas que ya no atisban el cielo que se despliega sobre ellos. Científicamente, está probado que el cabello sigue creciendo una vez que se ha muerto y sobre esa máxima descansa la leyenda de la fantástica Lizzie Siddal, que encarnó la ya mencionada Ofelia.

Ofelia venta de almas Edgar Alan Poe

Ofelia, de Millais || Wikipedia.com

Cuando se abrió la tumba de Lizzie, se dice que su cabello de un color pelirrojo rabioso cubría su cadáver por completo. Annie es otra de las damas de Poe. Al igual que la durmiente descansa rodeada de aromas de romero que ella ya no puede apreciar. Las trenzas bañan y ahogan el cadáver que descansa felizmente en su tumba:

«And so it lies happily
A dream of the truth
And the beauty of Annie-
Drown’d in a bath
Of the tresses of Annie»

Estos bellos y no tan conocidos poemas son la respuesta a la muerte de su amada Virginia, que muere a la edad de veinticuatro años en 1847. Edgar A Poet, como él mismo se denominaba, decidió escribir los dos años siguientes como respuesta al dolor que sentía.

De su pluma brotaron todas estas Annabel Lee, Annie, Leonore, sleepers… que plagan las páginas de sus Poemas de amor al igual que las azucenas se abrían sobre sus tumbas. Los versos de Edgar Alan Poe  pintan las azucenas de Collier. El autor seguramente presenció una escena como la fotografiada por Robinson, en la muerte de su querida esposa.
Puede que la perturbación del fantástico autor buscara desesperadamente la resucitación del cuerpo de Virginia a través de recreación de las figuras fantasmagóricas de todas estas damas muertas, emanando un delicado y casi imperceptible aroma a flores.

Send this to a friend

[responsivevoice voice="Spanish Female" buttontext="Escuchar"] A button to read only the text surrounded by these shortcodes. [/responsivevoice]