Un bar es un buen sitio para hablar de cualquier cosa, por eso es en uno de ellos donde se desarrolla esta entrevista. Manuel Vilas ya estaba sentado en una mesa cuando el reportero entró en el Van Gogh Café, junto a Moncloa y su Arco del Triunfo. El motivo de la charla es que Vilas hace poco que estrenó Lou Reed era español (Malpaso Ed., 2016), en el que con poética prosa desmigaja lo que fue para él este mítico cantante, una declaración de amor del poeta barbastrense a su ídolo neoyorquino. Cuando se le pide que se describa brevemente es sencillo, claro: «soy Manuel Vilas, soy escritor, acabo de escribir un libro sobre Lou Reed y he escrito muchos libros de narrativa y de poesía». Una certera autodescripción.

Manuel Vilas, foto de Javier González

Manuel Vilas. || Javier González

Entrevista Manuel Vilas

Al leer Lou Reed era español se nota que fundes narrativa y poesía.

Es un libro narrativo, pero tiene muchos filos poéticos. Es una búsqueda de Lou Reed a través de historias, pero que tienen un punto poético. Se trata de explorar a un artista como él, que era poeta a través de las letras y la música… Tenía que tener un punto poético.

La forma de escribirlo muchas veces se asemeja a procesos mentales, con ciertas estructuras curiosas.

La prosa está persiguiendo a un músico, entonces tiene que tener un poco de ritmo.

Hay dos partes en el libro: una es tu reflejo, que va en tercera persona, y otra es un seguimiento a Lou Reed, que va en segunda. ¿Por qué?

(Risas) Son trucos literarios que más o menos olfateas. Te preguntas, «¿cómo le entro a Lou Reed yo, cómo le entro a este hombre?» Y vi que una segunda persona que le pedía cuentas quedaba bien, una segunda que pedía explicaciones, un poco molesta y algo rabiosa que buscaba incomodar a Lou Reed. Como una conciencia.

En el libro muestras algo que hemos sentido todos: alguien como Lou Reed es todo para ti, pero tú para él no eres nadie.

Hay un momento en el que el chaval que yo fui era tan inocente que se creía que Lou Reed hablaba solo para él. Hasta que va al primer concierto y vio que había 10.000 tíos como él y se quedó mustio. Eso era la candidez del personaje, que era yo con 18 años. Vivía en un pueblo y pensaba que todo giraba en torno a mí.

Hablas de capitalismo, y al fin y al cabo la industria se basa en el one to many, aunque en esa masa hay individuos.

Claro.

La industria discográfica…

Hay un recordatorio constante de que estamos ante una industria que, como se dice: «Pásatelo bien pero no te olvides de pagar la entrada.» Me interesaba dejar claro que explorar a Lou Reed es explorar a una industria. Explorar a David Bowie, a Cohen, a Dylan… Es explorar esta industria y la cultura popular anglosajona.

Un apunte con respecto a las drogas que hace el libro es que Lou Reed se metía realmente speed.

Fue un equívoco debido a la performance que realizaba en escenario y a la canción «Heroin», pero en lo práctico y en lo cotidiano a lo que le daba era al speed, las anfetaminas.

¿Lo del taichí cuánto tuvo que ver con lo de dejar las drogas?

Él era muy esnob, el típico neoyorquino. Les gusta lo oriental, la autoayuda y todas estas cosas. Yo le vi varios conciertos donde iba con su maestro de taichí y estaba tocando «Sweet Jane». Salía el maestro haciendo unas cosas de un esnob total, totalmente americano. Pero a él le sirvió algo para dejar las drogas. Él le daba mucha importancia, pero a mi juicio fue algo secundario.

Con la Velvet vendió poco, pero marcó.

Se dice que vendieron muy pocos discos, pero de cada uno salió un grupo.

Al final Reed estuvo en una tribu donde se acababan queriendo u odiando, pero de donde no salían. Bowie por ejemplo le produjo.

David Bowie fue muy generoso con Lou Reed, de hecho mucha gente lo fue. Bowie fue quien le convirtió en una estrella del rock. Estamos hablando de Lou Reed porque Bowie creyó en él. Cuando le expulsan de la Velvet Underground se fue con su padre, que era contable, y se quedó cuatro meses con él hasta que llegó Bowie. Por aquel entonces ya había triunfado, tenía la industria a su favor,  se va a Nueva York a promocionar su disco y pide hablar con Lou Reed, porque había escuchado a la Velvet Underground y le parecía una genialidad. Y convence a la RCA para que le grabe el primer disco, un fracaso. Pero el segundo, Transformer, es un éxito y se convierte en una estrella del rock.

Respecto a su sexualidad…

Era una cosa para vender discos. Es cierto que hubo una liberación sexual, pero de la homosexualidad de Bowie y Lou Reed… (Se ríe)

Bowie llegó a decir que casi se vio obligado a tener una faceta homosexual, porque el tiempo y el personaje lo pedía.

Es, en fin, ficticio. No era una realidad, era puro teatro. Algo que los convertía en algo fascinante, en mito. La ambigüedad sexual se convirtió en algo deseable. En mi opinión homosexuales no eran ninguno. Lou Reed se casó tres veces y Bowie procreó. Su última mujer, Iman, es una belleza. Fue una moda.

Hay capítulos que tienen gracia, como cuando está Lou Reed con los españoles en el infierno. Muchos se fueron al hoyo.

Es que hubo mucha gente que murió con esa música. La España del 75 al 80 fue brutal porque aquí entró la droga como Pedro por su casa, la gente empezó a drogarse por hacerse la moderna y acabó muerta. Luego llegó el Rock n Roll Animal y toda la leyenda. Era una especie de propaganda de «sea usted moderno, dróguese y escuche a Lou Reed». También España era un país subdesarrollado; si hubiese sido un país más avanzado, no hubiera calado tanto.

Lou Reed era español trata también sobre vuestros padres.

Por lo que cuentan los biógrafos, sobre todo Victor Bockris, que era amigo íntimo de Lou Reed hasta que en el 95 publica su biografía y contó todo, tenía miedo a su padre. Quien le inspiraba terror era su padre. Cosa que por otro lado es natural, porque todos los seres humanos tienen con el padre una relación densa, más complicada.

Manuel Vilas, foto de Javier González

Manuel Vilas. || Javier González


Manuel Vilas se pide un café a mitad de entrevista. Ya en el libro queda claro que podría hablar de Lou Reed horas, pero en la charla se confirma porque deja claro que lo del cantante y España fue un idilio. Es fácil leer textos de Vilas sobre el país que le vio nacer, aunque ame a Lou Reed y le encante Estados Unidos. No rechaza sus raíces, tampoco las exalta, sino que les da la mano y las trata como el compañero vital que son. Que Manuel Vilas es un tipo claro, directo, es un hecho patente que se agradece a la hora de hablar con él.


Hablas mucho de España, en general y en este libro.

Cuando miras a un mito del rock lo haces desde un punto de vista. Yo lo miraba desde España, si lo hubiera hecho desde Estados Unidos hubiera sido otro libro. Había unas coordenadas espaciotemporales mías y por tanto las del país donde vivía. Me di cuenta de que era muy importante. La mirada sobre Lou Reed era la de un chaval en un país que estaba saliendo de una dictadura, que está pasando por una Transición a la democracia. Y en medio de eso aparecía un macarra americano que se llamaba Lou Reed.

De hecho, su impacto en los 70 es de modernidad en una España oxidada, retrasada, con un dictador ahí en medio. Y aparece un vanguardista de Nueva York, haciendo apología de las drogas en un momento en el que nadie sabía que aquello iba a ser un holocausto. De hecho, en el 72 se chutaba en directo y luego eso se convirtió en un ejército de muertos. Se generó una leyenda negra en torno a él que luego quiso borrar. Dejó de cantar «Heroin»…

Realmente lo que pasa es que yo lo viví. Los públicos de Lou Reed que se incorporan en los 90 no lo vivieron. Pero yo recuerdo cómo aparece en 1975 con una apología de la heroína, de la Velvet Underground, de una época en la que el rock coqueteó con la droga y muchas cosas. La industria vio que había algo que vendía discos.

Lo de Transición vs Transformer tiene que ver con lo que hablábamos antes, la relación de España con Reed, ¿no?

(Se ríe) Eso es una ironía. Lou Reed triunfó con Transformer y España con la Transición. Joder, es que todo son visiones serias, históricas, sociológicas sobre la Transición, pero por tener un poco de visión pop de la historia no pasa nada. Juan Carlos I hizo un disco que se llamó Transición y se lo produjo Adolfo Suárez, Lou Reed hizo un disco que se llamaba Transformer y se lo produjo David Bowie. Y los dos triunfaron.

Acabas Lou Reed era español con una declaración de amor entre España y Lou Reed, en el 2500 y pico. ¿Es un último toque de ironía?

Sí, es quizá la parte más poética del libro, ya se va a temas como la condición humana, de los países y de las identidades colectivas. Es un vuelo literario, convierto a España en una especie de amante de Lou Reed. El libro parte de un hecho que inspira perplejidad: era más conocido en España que en Estados Unidos, a excepción de Nueva York. En el Midwest no lo conoce nadie, alguno te dice que es algo de Nueva York, pero nada más.

Manuel Vilas, foto de Javier González

Manuel Vilas. || Javier González

Hay muchos Estados Unidos dentro de Estados Unidos, ¿no?

Sí, la América del Midwest, la América profunda, la América de Trump, no era la América de Lou Reed. Triunfó en países europeos como España, Francia, Alemania, aquí mucho, y de ahí el idilio que yo monto en el libro, tras comprobar la cantidad de conciertos que daba… Desde el 2000 venía una vez al año, todas las primaveras. Al principio solo actuaba en Madrid y Barcelona pero luego empezó en San Sebastián, Valencia, Málaga, Sevilla, Zaragoza… ¡Al final hasta fue a pueblos!

Sueles estar en Iowa… ¿Tu pasión por Estados Unidos de dónde viene?

Es un país con una gran combustión social, lleno de energía. No es que yo lo alabe, porque tiene cosas muy negativas, pero tiene una fuerza vital que a mí me seduce. Un puente que cruza el Mississippi, los camiones enormes que cruzan autopistas, hasta un suburbio lleno de homeless o los supermercados que abren 24 horas, donde puedes comprar a las 4 de la mañana… Ese frikismo americano a mí me gusta mucho.

Lou Reed era poeta, como Coen o Dylan…  A la gente le cuesta reconocerlo, ¿hay quien tiene miedo a ello?

Quienes tienen miedo son la gente de la profesión, los literatos con una visión más ortodoxa y un poco talibán de la profesión. Dylan y Lou Reed expandieron el recipiente de lo que se considera literario. Un disco de rock & roll sobre Estados Unidos como Transformer contiene una narración literaria sobre el país. Este rock & roll posee una expectativa que entra dentro de la literatura.

Te he leído que este tipo de expresión cultural, popular, le coge el relevo a la alta cultura.

Siempre la poesía ha tenido una vertiente popular. Desde que escuché el primer disco de Lou Reed con 12 años, siempre he pensado que era una experiencia muy cercana a la de leer un libro.

¿Cuándo empezaste a entender las letras, por el idioma?

(Risas) Desde que estudié inglés. Aquella era una España en la que no se aprendía, los de buena familia igual. En los institutos se estudiaba francés, el giro hacia el inglés empieza en los 80, cuando entró el gobierno de Felipe González.

¿Te cambió entender las letras la concepción que tenías de Lou Reed?

Terminé de completar al personaje, aunque había un prodigio, que es un poco el del rock anglosajón: para conectar con él no necesitas entender lo que están diciendo. El inglés es una lengua muy monosilábica que le va perfecta al rock & roll, a sus golpes y ritmo. Cuando tú oyes hablar inglés en conversaciones es totalmente distinto al de una canción… En esto que está sonando, («Mrs. Robinson», de Simon & Garfunkel) de repente se genera una sensualidad del sonido que le viene muy bien al rock & roll.

Además de Lou Reed y Elvis Presley, ¿qué otros referentes musicales tienes?

Soy muy exclusivo, escucho mucha música, pero… Joy Division me gustan mucho, Johnny Cash… Tengo gustos un poco… Los Rolling Stones, por ejemplo, no me interesan lo más mínimo, aunque me gustan. Me interesan más los Beatles. The Who también, soy muy setentero. Pero Lou Reed es una isla, no hubiera escrito un libro sobre ningún otro músico. Su propósito era elevar el rock a un arte culto, él mismo lo dijo, y muchas veces pensó que no lo había conseguido.

A veces hace falta tiempo para valorar las cosas, para contextualizar a un artista. Habías escrito ya de Lou Reed, pero, ¿cuándo decides dar el paso al libro?

Cuando murió pensé que era el momento. Para escribir un libro así tiene que haber un cierre. No podría haberlo hecho con él vivo. En realidad, es un libro sobre la muerte de Lou Reed.

Las generaciones que no ha crecido ni vivido con Lou Reed, tienen mitificada su parte oscura. Cuando los tratas en el libro da la sensación de que les dices: «no tenéis ni idea de nada.»

Lou Reed es un artista muy intergeneracional. Me acuerdo que iba a conciertos suyos en los últimos años y me encontraba chavales de 20 años que se sabían las letras mejor que yo y de hecho no me dejaban escucharlo porque se ponían a cantar. Pero los que le hemos visto desde el principio, somos menos. Los que lo hemos hecho, hemos vivido a un músico en continua transformación.

Para entender los personajes como él, ¿hace falta haber vivido con él ese proceso?

Este libro tiene en ese sentido la autoridad de que yo desde el 75 estoy tras este señor. Si tengo algún conocimiento de Lou Reed es porque le he seguido desde entonces. No es que haya leído cosas sobre él solamente, es que lo he vivido, he visto todo el movidón de su vida en continuo movimiento.

¿Cómo se cuelan temas como «Walk on the Wild Side» en una dictadura como la de Franco?

En Inglaterra tampoco la prohibieron, no lo pillaron. En la canción sale una mamada, pero no lo entendieron. Como era una melodía pegadiza…

Como el guardia civil de Andorra, ¿no?

(Risas)

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