Exquisita, abandonada bailaste
galana, a una caricia sin tacto.
Tu útero – observé inquisitiva –
cesó resistencia y fue ofrenda.

Flaquita, ni limosna o mendiga,
exquisita, la cerveza no en vano…
La calle, el hogar.. ¡te ha alzado!
el hurto alcohólico, la gloria.

Sorprendidos todos, y hasta tu misma,
de tus pechos libres, tu pelo alegre
por el que te amé con miedo, tu mueca.
Desapareciste, pudorosa.

Avergonzada a caso de tu virtud,
del deseo lésbico, burguesía,
comodidad del arte, del perfume
volviste lúgubre al polvoriento.

Tu mueca china y el vaso plástico,
te borra y camufla en los recuerdos.
¡Flaquita amiga de lo desafiante,
del contento, aparece de nuevo!

Acércate a ver por qué el ruido
en esta calle opaca de tanto silencio
¡Tanta piel en este invierno muerto,
tanta jarana para los indiferentes..!

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