He leído libros. Unos cuántos. Puedo asegurar que con ‘El camino de la bestia’ de Flaviano Bianchini he sentido como en casi ningún otro los sentimientos del protagonista. Flaviano Bianchini, es puro y blanco, como su apellido indica. No deja pasar inadvertido cualquier detalle que pueda sobrecoger al lector. En su libro no hay fantasía, no hay literatura sobreactuada, habla de la realidad. De la cruda y cruel realidad que tienen que sufrir los migrantes que quieren atravesar el basto territorio mexicano para cruzar la frontera y llegar, al final, al sueño americano.

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Entrevista Flaviano Bianchini

¿En qué momento decides emprender el viaje y por qué?

Vivía en América central y ahí empezó la idea. Estamos hablando de 2006, 2007. Hablaba con un montón de gente que me decía que un amigo suyo, un primo, un familiar, había hecho el viaje. La cantidad de gente que hace el viaje es impresionante, uno de cada cuatro salvadoreños vive en los Estados Unidos.  Me di cuenta de que nadie lo había narrado, nadie había contado esta historia y dije: “¿Por qué no hacerlo yo?” Entre decirlo y hacerlo hay un trecho y pasó un tiempo. Había que conseguir información, valor, tener el momento preciso. Desde que supe que quería hacerlo hasta que lo hice pasaron cuatro años.

¿Habías practicado alguna preparación física o mental?

Lo único que realmente me preparé fue físicamente, sabía que la diferencia la podía tener corriendo más rápido que otros. Siempre he hecho algo de deporte, pero en los últimos meses me entrené mejor. En cuanto a lo mental, siempre he tenido capacidad para estar frío en situaciones difíciles. No soy una persona que se ponga a gritar o nervioso.

¿Tuviste preparación en cuanto al hambre o la sed?

No, eso no lo había tocado. Siempre me he caracterizado por ser muy bueno en climas extremos. Me acuerdo cuando hacía montañismo, paradójicamente, yo era el que sufría menos el frío y con el sol encima de la cabeza, el que mejor soportaba el calor. Mucha gente me dice que hice una cosa loca, con mucho riesgo, pero de entre los 600.000 que todos los años lo hacen, yo estoy en una posición privilegiada porque era joven, tenía 30 años.

De hecho, los cumples en el viaje.

Si, tenía 29 cuando salgo y 30 cuando llego. La edad perfecta para el físico del ser humano. Además con la experiencia del montañismo… A la par que yo había mujeres embarazadas, señores con 60 años, gente de 30 años como yo pero con hijos de 5 años, al final yo era el privilegiado.

También eres privilegiado, como dices en el libro, cuando vuelves a Italia pero para ellos empieza una nueva vida.

Donde acaba mi libro empieza el de ellos. Mi libro acaba cuando realmente empieza lo difícil. Yo tenía, casi, la parte fácil. Lo difícil viene después.

Esperabas que el viaje fuese… ¿más o menos duro?

Algunas cosas no te las esperas. Fueron tan feas, asombrosas, que no podía imaginarlas antes de hacer el viaje. Me refiero a los días en la cárcel, por ejemplo, o la mujer que no reconoce a su hermana perdida en el desierto. Otras como el frío, el calor, el tren, sí me las imaginaba.

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«La Bestia», también llamado «El tren de la muerte» en uno de los viajes || Fuente: taringa.net

¿Cómo decides que vas a ser de origen vasco y de la amazonia peruana?

Mi acento como puedes comprobar no es italiano. Es más bien latinoamericano, de hecho, la gente piensa que soy mexicano. Desde hace cuatro años vivía en Perú, pero el acento peruano es muy neutro. En la amazonia hay muchos rubios, mucha gente de origen vasco e incluso alemán.

Es curioso como en una zona donde se podría presuponer que viven tribus indígenas, que las hay, también haya personas de origen europeo.

A lo largo del río está lleno de gente europea que fue para encontrar oro. Si te mueves luego un poco sí hay tribus no localizadas, que viven de la caza y la pesca. Además, estudié muy bien el personaje para ser creíble.

¿En qué momento decides entrar en esta lucha por los derechos humanos y medioambientales?

Todo empezó cuando tenía 23 años, estaba por graduarme y conocí a una activista guatemalteca que trabajaba en Guatemala contra las empresas mineras etc, etc… saqué un vuelo hacia allí y empecé a trabajar con ellos. Vas conociendo la realidad, te vas involucrando más aún y once años después estoy acá.

Seguramente te arrepentiste en muchos momentos del viaje. ¿Hubo alguno en el que dijeras no puedo más?

Muchísimas veces, como 15 veces al día (risas), pero creo que el momento más feo fue, sin duda, la cárcel. Para mí fue lo peor, una cosa terrorífica.

¿Dónde has aprendido más en el Tíbet o en México?

Uf, difícil pregunta (risas). Creo que han sido dos viajes muy distintos. En el Tíbet es como más interior, aprendí a conocer mejor a Flaviano. En México he aprendido a conocer el mundo mejor.

En todo caso, sí se puede aprender, pese a lo que se vive.

Sí, efectivamente.

Dentro de todos los cambios de líneas de tren, furgonetas, caminatas… ¿Con cuál lo pasas peor?

Creo que el peor momento viajando es en el techo del tren, en las noches. Está feísimo porque quieres dormir. Ese momento en el que se cierran los ojos y quieres estar despierto, pero no puedes… NO puedes dormir. Mientras corres delante de la policía tienes una carga de adrenalina que te hace no sentir nada, pero en el techo es una lucha contra ti mismo, una lucha por no dormir.

Según leía el libro me preguntaba si no había alguna forma de sujetarse bien y no caer.

En algunos casos había donde poner las manos. Algunos migrantes llevaban cuerdas para amarrarse. Además, es complicado porque te roban todo, hasta las cuerdas te roban para chingarte (risas). Esos pinches que en medio del desierto nos vacían las botellas de agua sin motivo alguno… es como robarte para tirar el dinero a la basura.

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Dices que hay dos normas del migrante y las incumples las dos.

Es que son normas que van contra la naturaleza del ser humano, por eso es casi imposible no romperlas. La primera: No dormir, es imposible. La segunda: No confiar en nadie. Eso está completamente fuera de la naturaleza del ser humano porque es un animal social que cuando tiene problemas mira a los demás.

De todas formas, creo que habláis poco durante el viaje.

Yo suelo ser callado. Pero ellos son como nosotros y había de todo: La persona que habla poco, mucho, brome, llora…

Hablas de una relación de amor y odio con México. Un claro ejemplo las patronas.

Las patronas tienen un corazón muy grande. México es el país donde unos ladrones te vacían unas botellas de agua en el desierto y donde unas mujeres se levantan a las 3 de la madrugada para hacernos la comida. Es un país de extremos, los que son buenos son súper bueno y los malos súper malos.

¿Son imprescindibles esas mujeres?

Desde el punto de vista técnico no. La comida que te dan es poca, pero ayuda. Puedes lograr la meta sin ellas. Desde el punto de vista moral, te dan una gran carga positiva. Después de tanto odio y violencia, encuentras a estas mujeres que son amor.

¿Cómo surgen las casas del migrante? ¿Están bajo el abrigo de la Iglesia Católica?

Sí, todas. De hecho, las casas del migrante son ilegales.

Me sorprendió que un gobierno como el mexicano, que coopera con EEUU en el control de la inmigración ilegal, ayudara con casas de este tipo.

La única organización tan poderosa como para hacer una cosa ilegal es la Iglesia Católica. Soy ateo, no me caen bien los curas, pero lo que hace la Iglesia allí es fantástico. Si hubiera curas así en todo el mundo la Iglesia Católica sería otra cosa.

Todos sabemos de la corrupción en la policía mexicana, pero hasta que llegas allí no te das cuenta de lo terrible de la situación.

Realmente todo el mundo lo sabe, pero en primera persona es otro rollo. Nosotros con nuestra mentalidad europea, cuando vemos un policía nuestro instinto piensa en protección, sale natural pensarlo. Allí, cuando ves a la policía el instinto te hace correr igual que si fueran narcos. La policía los pega, los narcos también, ¿Dónde van entonces?

Donde dices que peor lo pasas es en la cárcel.

Sí, creo que había dos cosas. Una del tipo físico, un calor terrible, un olor tremendo… por otro lado tenemos el lado psicológico. Te sientes traicionado por todos, no puedes contar con nadie. NO hay salida y estás cerrado física y psicológicamente.

Sin embargo, dices que sientes pena por ellos.

Sí, me doy cuenta de que ellos son víctimas del sistema también. Los mandan a aquellos cuarteles perdidos de la mano de Dios, suelen ser gente de las zonas pobres de Ciudad de México. Tienen dos posibilidades, o vas con los narcos o vas con la policía. Escogen la policía pero luego se dan cuenta de la situación de mierda que viven… son víctimas de un sistema violento.

¿Se podrá acabar con este problema o está tan instaurado que es prácticamente imposible?

Soy realmente muy poco optimista. Lo único que no querría ser hoy día es presidente de México. A pesar de que el que está ahora es un imbécil, la situación está tan jodida que realmente no sabes cómo empezar. Si subes el sueldo a la policía no puedes luchar contra los narcos porque les pagan mejor.  Si amplías el número de efectivos, es probable que muchos más se vayan con ellos. Los narcos han agarrado tanto poder en 20 años que es muy difícil.

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Las rutas de México a EE.UU || Fuente: http://exodus.msf.org/

¿Lo pasaste peor en el paso cercano al Pico Orizabal o en el Sonora?

Estuve peor cuando vomité en el desierto. A los cuatro que subíamos la montaña nos agarró el frío, nos echó mierda, pero acabamos estando bien. El frío te agarra dentro y es feo, feísimo, pero en el Sonora cuando empecé a vomitar cada cinco minutos… con el miedo a perder la línea, esa noche fue peor.

Subiendo la montaña, vas con dos chicos salvadoreños y un guatemalteco, antes habías conocido a Juan, pero las relaciones son efímeras.

La situación es muy dinámica. Subes, bajas, bajas, subes, es todo muy rápido y es muy raro pasar un tiempo largo con alguien.

Sorprende como EEUU, un país que nace y crece con inmigrantes, vote por Donald Trump, cuyos ascendientes son inmigrantes, pero sorprende más aún que le hayan votado latinos y que esos latinos sean racistas con los propios inmigrantes.

Donal Trump es nieto de inmigrantes, sus mujeres son inmigrantes y sus hijos tienen doble nacionalidad, una locura. Creo que tiene que ver con la mentalidad individualista de Estados unidos. El latino cuando llega a Estados Unidos se siente gringo. Leí una entrevista a una mujer, pakistaní, musulmana, que había votado por Trump. Decía que ella se sentía americana y que los inmigrantes querían chingar su sociedad y la riqueza. Además, los latinos crecen con el mito del sueño americano. Los gringos no quieren inmigración pero venden su sueño.

Yo no soy tan pesimista frente a los EEUU. ¿Por qué crees que cuando vivan allí, lo harán de forma mala, sin un futuro bueno? Fuera de estadísticas.

Hay uno sobre cien que logra vivir bien. La realidad es que tienen trabajos de mierda y ese uno que logra salir adelante es quien transmite la idea de que se puede conseguir. Hay un porcentaje alto de latinos que votó por Trump, casi un 30 por ciento, ese porcentaje es de gente que tiene la ciudadanía se segunda generación, pero los inmigrantes que trabajan en los campos del sur no han podido votar.

Sin embargo, los inmigrantes de tu país, de Italia, cuando llegan a EEUU a principios de siglo, lo pasan mal, pero ahora son ciudadanos libres americanos y con prosperidad económica. ¿Pasará igual con los latinos?

Es posible que haya algo así, que algunas generaciones lo puedan lograr. Pero EEUU es un país cerrado, hay racismo con el inmigrante que acaba de llegar, aunque unas generaciones más tarde ya lo consideren un americano más. Tampoco creo que vaya a ser fácil.

Y… de repente te encuentras con chinos haciendo el mismo viaje que tú.

Es algo loco. Hay mucha gente que hace este viaje, llegar a México es fácil… En el caso de los chinos todo es una locura, porque la mafia china y la mexicana están relacionadas y trafican con ellos. Les esclavizan, como antiguamente a los negros, hasta que se pueden pagar el viaje con años de trabajo.

Tenías claro que por El Bravo no quería cruzar, por los Zetas y por el agua. No te sentías cómodo nadando.

Por los dos, pero más por los Zetas,  aunque nadar tampoco es mi fuerte (risas).

 ¿Tenías claro entrar por el Sonora?

No, estaba más mentalizado para entrar por el muro, en Tijuana. Si hubiera podido lo hubiera hecho así.

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Por allí debe ser complicado.

Bueno hay gente que pasa. Cuando me encontré en el tren vi que iba a Nogales… así que Nogales.

El momento en que vais andando y perdéis a personas en mitad del desierto, no podéis hacer nada, debió ser tremendo.

Es feo y tienes un sentimiento de impotencia total. Estás en medio de un desierto tan grande y no puedes hacer nada. Realmente no se puede hacer nada en una situación como esa. Hay 360 direcciones distintas por delante, por donde podían haber ido.

No sois conscientes del momento en que se pierden.

Es que caminas en fila, por la noche, sin luces… si te alejas, te pierdes. Cuando te pierdes es muy rápido quedarte solo. Cuando estaba vomitando alguien me paró y si no llega a ser por él, seguiría allí.

Hubo un momento de despiste en el que estuviste a punto de quedarte allí como dices.

Sí, además en ese momento estaba tan cansado, tan hecho mierda, que no me daba cuenta. No recuerdo mucho esa noche, sólo caminaba. Tenía un poco de lucidez y confianza en el que estaba delante, vuelvo a romper la norma del migrante.

¿Te sorprendió la pasividad del guía?

Sí, era una persona fría. Un pedazo de hielo. Pensándolo ahorita se trata de su trabajo…

El Desierto sí iguala a todos. No importa el pasaporte, la condición social…

Ahí sí, ahí está el comunismo (risas). Es totalmente cierto.

¿Has sabido algo de alguno de los migrantes que iban contigo?

No, lamentablemente no. Durante el viaje tampoco te pasas ningún contacto.

Me refería a que hayan contactado contigo a raíz de la publicación del libro.

Pues no, me gustaría ir a buscarlos, pero a saber dónde y cómo están.

¿Llegar a Tucson te supuso la misma alegría que a ellos?

Empecé el viaje como Flaviano Bianchini disfrazado de Aymar Blanco pero lo acabé sólo como Aymar Blanco. Me dio alegría pero también estaba aliviado porque se había acabado. Pero para ellos no, para ellos como decíamos antes empieza su libro.

¿Cuál dirías que ha sido el motivo principal por el que has escrito el libro?

Contar la historia, que el mundo sepa lo que está pasando.

¿Crees que ayudará a agente que esté allí?

Ojalá, aunque es un viaje muy dinámico, cambia mucho. No va a ser una guía para migrantes, pero sí daremos una información importante.

¿Cómo va de ventas?

(Risas) Ni idea la verdad, no tengo ni idea. El año que viene creo que voy a pasar unos días por España con una gira de presentaciones con la editorial.

Voy con la última. Dices en el libro que sólo saben tres personas antes de que vayas a México lo que ibas a hacer. ¿Cómo se lo tomaron al regreso?

Fíjate, dos de ellas no han leído aún el libro porque no hablan italiano y me acaban de llegar aquí los libros en español. Se los voy a pasar ahora que los tengo. La otra persona era mi novia de entonces. Me ayudó con el borrador, la publicación… De hecho, le dedico la versión italiana. Fue muy difícil convencerla del viaje.

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