Francisco Daniel Medina es un escritor nacido en Málaga, lugar donde suceden sus tres últimas novelas. Joven, melómano y sabedor de que la tarea de llegar al lector es harto complicada, traslada a través de su literatura al lector a un mundo en el que se mezcla realidad y ficción de una forma tan sincera que pocos son los que pueden discernir acerca de qué parte es real y cuál no. Un escritor de los de antes: Francisco Daniel Medina dedica varias horas al día a la creación de literatura y casi nada en sus historias se da de forma fortuita, todo tiene una explicación. A lo largo de esta entrevista intentaremos conocer su última novela La Extravagancia (Siníndice, 2016).

Francisco Daniel Medina, autor de 'La Extravagancia'

Francisco Daniel Medina, autor de ‘La Extravagancia’

Entrevista Francisco Daniel Medina

Con tan solo 24 años, en el año 1998, recibes el Premio de Narrativa Andalucía Joven, atribuido a tu novela: Un mundo sin cuentos. ¿Qué supuso para ti este reconocimiento?

Yo tenía 23 años cuando gané el premio. Fue un acontecimiento extraordinario y casi mágico porque era la primera novela que terminaba. Llevaba semanas pasando a limpio el borrador definitivo y, cuando lo termino y siendo el último día del plazo para presentarme al premio, llego a Correos y entrego el manuscrito. Como suele pasar en estos casos, luego te olvidas y no tienes ninguna esperanza de que te pueda pasar a ti, y cuál es mi sorpresa cuando me llaman y me dicen que mi novela ha resultado ganadora. Después de eso, voy a Almería que es donde tuvo lugar la entrega de premios, y allí conocí a los editores de Huerga & Fierro, que fueron quienes editaron la novela. Luego firmamos ejemplares en la Feria del Libro de Almería. Entonces, de ser alguien que no ha publicado nunca una novela a ganar un premio y verte metido en toda esa vorágine, pues me sentí como una especie de cenicienta.

Imagino que el origen de tu pasión por escribir no viene de repente, ¿cómo fue?

El origen de mi pasión imagino que coincidirá con el de todos los escritores, el comienzo de la escritura sucede primero como lector, a una edad muy temprana. En mi caso, como lector de cuentos. Ahí no te planteas ser escritor, ni que te puedas dedicar a ello profesionalmente. Luego también percibí que sentía una atracción especial hacia los libros como objetos, ya que a diferencia de lo que hacían los chicos de esa edad, en la niñez, a mí me solían producir mucha curiosidad los libros que había en la biblioteca de mi casa, o de los familiares y vecinos… A los 17-18 años comencé a leer a una serie de autores cuya literatura me estaba empezando a influenciar, pero eran sobre todo autores extranjeros, aunque los leía sin seguir ningún criterio, podía leer desde Kerouac a Henry Miller, pasando por la generación del boom latinoamericano… Lo que quiero decir es que accedía a los libros que podía acceder o bien porque estaban en mi casa, o bien porque me los recomendaba algún amigo.

¿Cuándo fue el momento en el que decides que la literatura puede ser una forma de vida?

Un punto de inflexión en este sentido podríamos decir que fue cuando, más o menos por esa época, quedó finalista del Premio Nadal una novela llamada Historias del Kronen de José Ángel Mañas. A partir de ahí entré en contacto con una serie de autores un poco mayores que yo que empezaron a publicar todos por esa época y ambientaban sus novelas, no en San Francisco ni en Nueva York, sino en Madrid, Barcelona, y escribían acerca de temas con los que yo me sentía bastante identificado: salidas nocturnas, drogas, precariedad laboral, desencanto generacional, relaciones de pareja, y con unos referentes musicales, cinematográficos, y unos registros formales parecidos a los míos. Yo, por ejemplo, me sentía muy atraído por la literatura de Loriga, formalmente muy poética y con alusiones a Bowie o a Dylan. Y es aquí cuando se cruzan mis influencias foráneas con las patrias y me percato de que la novela puede ser el vehículo idóneo para expresar mi universo. Yo había leído a Baroja, Mendoza, Cela o Delibes, pero por cuestiones de lógica generacional me sentí atraído e identificado con toda esta generación de los noventa. De hecho, hace poco se ha estrenado un documental titulado Generación Kronen dirigido por Luis Mancha que intenta analizar todo ese fenómeno.

Después, tuvieron que pasar seis años hasta la llegada de Cuando las luces de la ciudad se apaguen, ¿cuándo consideras que una obra está terminada y debe ser publicada?

Cuando publico ‘Un Mundo sin cuentos’ tengo 24 años y llevaba por esa época una vida como la de cualquier joven de esa edad, bastante ácrata por decirlo de alguna manera. Es más, yo ya estaba coqueteando con la música, mis amigos y yo estábamos vinculados a la escena hardcore nacional y tocábamos en bandas. Entonces claro, el mundo en el que me movía no era el propicio para quedarse encerrado en tu cuarto, sino que yo me pasaba las horas en los locales de ensayo, en el coche yendo a conciertos. En resumen, lo contrario al lema extravagantista: No vivas la vida, escríbela. Del decálogo de Hemingway podría decirse que el único punto que seguía a rajatabla era el de mezclarme con la vida.  Y yo lo que hacía era vivir, aunque siempre tenía una especie de vocecita en mi conciencia que decía: Si te quieres dedicar a escribir tendrías que encerrarte y aislarte del mundo. Y aquí es donde está el germen de esta última novela.

En el 2013, y después de dos novelas, te lanzas a la poesía con El Arte de derribar aviones, ¿qué ocurrió entre medias para dar ese salto literariamente?

Yo siempre he escrito poesía y a veces me he preguntado por qué le he dedicado más tiempo a la novela que a la poesía. Y la conclusión a la que he llegado es que cada autor tiene de manera genética, si se quiere, una especie de predisposición para un género concreto. Si entendemos un género narrativo como un vehículo que te permite exteriorizar tu mundo, ya sea en forma de recuerdos o emociones, pues en mi caso, la novela es el formato que mejor se adaptaba, porque yo quería contar historias, anécdotas, quería también introducir muchas reflexiones para dar rienda suelta al filósofo de andar por casa que llevo dentro, meter diálogos, sentido del humor y el formato más flexible o que mejor se adaptaba a todo eso era la novela. Aunque también me gusta mucho la poesía, he leído mucha poesía y eso a lo largo del tiempo hizo que fuese haciendo mis ensayos y pruebas, hasta conseguir acumular un conjunto de poemas que me permite hacer una criba suficientemente rigurosa como para armar un libro.

Francisco Daniel Medina, autor de 'La Extravagancia'

Francisco Daniel Medina, autor de ‘La Extravagancia’

Además, compaginas toda esta trayectoria con un grupo de pop-rock llamado Modo Bélica, aunque me has comentado que este último está en standby y ahora estás trabajando con varios compañeros en un grupo nuevo, ¿qué influencias ha tenido la música en tu literatura o viceversa? Y, en tu caso, ¿qué fue antes la música o la poesía?

Es complicado ya que yo me recuerdo escribiendo y tocando la guitarra. Aunque sí que es cierto que puede que un poquito antes quizá fuese la música, y puede que la culpa de todo la tuviese el Nevermind de Nirvana y una actuación en los premios MTV de Pearl Jam a comienzo de los 90. Desde entonces me convertí en muy melómano, tenía todo lleno de póster de los grupos de la época, todo esto favorecido por lo que comentaba antes de las influencias de la música con mis amigos. Pero muy poco tiempo después, ya recuerdo que conectaba con artistas que daban mucha importancia a las letras como Jim Morrison, Bob Dylan o Ian Curtis.

La Extravagancia, que ya va por su segunda edición, es tu cuarto libro. ¿Cómo crea Francisco Daniel Medina sus historias? ¿De dónde se nutren?

Esta pregunta se ha repetido mucho desde mi primer libro. Es muy normal ya que todos los que han leído mis novelas tienden a efectuar paralelismos, lo cual no me extraña ya que todos los protagonistas principales son chicos, tienen mi misma edad, los tres viven en Málaga y, además, manejan unas referencias musicales, literarias o tienen una actitud ante la vida que son muy parecidas a las mías. Lo que sí me gustaría destacar es que mis libros son autobiográficos, pero no en el sentido de que yo les trasfiera a mis personajes los mismos acontecimientos o anécdotas que me han ocurrido, sino que lo que les trasfiero es mi personalidad, mis gustos, mis actitudes… Sería una especie de biografía, pero del tipo sentimental o emocional.

Cuando te decides a escribir, ¿sigues algún tipo de metodología?

Al final lo que me ha servido más ha sido el escribir todos los días, no hay más. Todos los autores cuando les preguntan acerca del secreto de su éxito responden que es ése, da igual que hables de Murakami o de Jonathan Franzen, al final, el único secreto que hay es dedicarle muchas horas.

En la teoría de la crítica de la literatura, se habla de que el autor queda desdoblado en la figura del narrador perdiendo (casi) el control acerca de lo que escribe y bajando así al mundo de la ficción. En tu caso, ¿cómo crees que se da este proceso?

Yo considero que no tiene nada de místico. Básicamente se trata de que, cuando te sientas delante del teclado, vienes del mundo de fuera de la novela integrado por facturas y por listas de la compra y, poco a poco, tu concentración va aumentando hasta que te aíslas del todo y ahí es cuando tienes la sensación de que el tiempo pasa volando. Para mí ése es el trance y a eso se reduce toda la mística que pueda haber detrás de la escritura.

El autor y narrador ficticio de la obra no eres tú, sino que adquiere un nombre y apellidos propios, Alejandro Heintzman, ¿te ha servido este movimiento para acercarte más a la realidad que quieres contar?

Sí, el escoger ese narrador o el escoger que la narración sea una ficción biográfica es algo premeditado y es un recurso que utilizo porque creo que va a generar un efecto en el lector. Esto se debe a que generalmente cuando tú piensas en un biográfico piensas en alguien que, por una parte, va a hacer una labor como más de ensayista, y que requiere una documentación, una investigación, pero, por otra parte, cuando el biógrafo decide dedicarse a un tema concreto es porque le mueve una admiración hacia dicho tema o dicho personaje. Entonces está ahí la mezcla de un tío que por un lado va a ser riguroso, pero que, por otro lado, admira a los personajes. Todo esto me permitía darle al libro un aura diferente, no tratándose por tanto de una mera filigrana formal, sino que me interesaba mucho contar la historia de dos personajes malditos, en los que se mezcla la obra con su vida, de una forma cercana, a través de la mirada de alguien que fue su amigo, en este caso: Alejandro Heintzman. Al conocerles en vida, y ante todo lo que se está hablando y especulando acerca de ellos, él decide hacer un poco de justicia poética.

Vamos ahora con tu libro, en uno de tus mensajes de Facebook comentaste el hecho de que has tardado casi una década en crear La Extravagancia, ¿cuáles han sido las mayores dificultades para crearla?

Me sucede que acostumbro  a desechar mucho material; es decir, siempre intento escribir una novela de 400 páginas y luego se quedan en 100. Y es que, para mí, el mérito de un artista está, principalmente en la selección, la criba: en el sentido estético que le lleva a distinguir lo imprescindible. Por tanto, este proceso de primeramente acumular mucho material para luego proceder a la criba es lo que provoca que tarde más en terminar la novela.

La playa y el paisaje de Málaga, tu ciudad natal, se encuentra presente en todas tus novelas. En el comienzo de La Extravagancia, los dos personajes principales se retiran a los Baños del Carmen y toda la obra se desarrolla en la ciudad de Málaga, aparece la Plaza de la Merced, la playa de la Misericordia. En esta obra, ¿qué papel juega tu ciudad natal y por qué fue la elegida para tu novela?

Las tres novelas que he publicado puede decirse que tienen 3 puntos en común: el protagonista principal es masculino, tiene la misma edad que yo cuando la escribo, vive en Málaga. Pero quiero destacar que, aunque mis libros transcurren en Málaga, uno de los rasgos distintivos es que muestro una Málaga diferente: los personajes de mi segunda novela, por poner un ejemplo, frecuentaban un bar llamado Underground del que muy pocos conservan memoria y donde mis amigos y yo íbamos recién cumplida la mayoría de edad a beber cerveza y escuchar a Los Ramones, y pasean montados en un Cadillac amarillo mientras suena en la radio Queens of the stone age. Creo que en esa mezcla de cultura anglosajona y andaluza puede residir parte de la originalidad de mis novelas. Y, con respecto al mar, para alguien con una tendencia al romanticismo como yo, representa todo lo que tiene que ver con el ansia de libertad, el misterio, la fuerza casi mística de la naturaleza, etcétera.

Si tuvieras que definir el movimiento ficticio de El Extravagantismo, ¿cómo lo definirías?

El Extravagantismo es un movimiento literario que consiste en un aislamiento radical, en este caso en un apartamento, y una dedicación exclusiva a la creación literaria. Y ahora viene el porqué de todo esto, yo, de alguna manera, quería un poco poner en contraposición esa actitud tan romántica, tan kamikaze, relacionado con algo tan arcaico ya como son los libros, además escribiendo a máquina como lo hacen los personajes, con el mundo actual en el que los autores han perdido prestigio. Entonces yo pretendía mostrar ese choque en el que todavía en los tiempos que corren, puede haber gente que se aferre a cosas, entre comillas, del pasado. Aunque he de decir que es un poco quijotesco esto, ya que estos personajes viven a caballo entre la literatura y la realidad y lo que quería era mostrar precisamente eso, que los personajes están fuera de lugar, entonces es también muy fácil que se les vea como unos desubicados o frikis.

En una de las entrevistas incluidas en el libro a los dos personajes les ocurre una cosa parecida a lo que les ocurrió a los autores de la generación del 27, en el sentido de que la inclusión en un grupo/movimiento no les caía muy bien. En el caso de tu obra, el apodo viene dado por parte de la prensa. Si tuvieras que definir a tus dos personajes principales, Leo Romance y Ana Couteau, fuera de las relaciones con el movimiento, ¿cómo lo harías?

Detrás de un movimiento artístico nuevo suele haber una acción de marketing más que una obra que sea tan radicalmente distinta a lo anterior como para justificar que se acuñe un término sofisticado. Y eso es lo que yo quería criticar o parodiar en el libro y de ahí que tire de cliché y de estereotipo a la hora de caracterizar al Extravagantismo como movimiento. En cuanto a cómo definiría a mis personajes diría que ellos son dos jóvenes que tienen una determinada edad, en la que, aparentemente, somos libres, pero que, sin embargo, ya debes tener una serie de cosas como trabajo, pareja, vivienda y si no, estás un poco desubicado o así te ven los otros. Entonces, para ellos el encerramiento que se produce en la vivienda es un acto de insumisión con respecto a la propia sociedad que establece unas reglas de juego con las que no se identifican plenamente. Pero se trata un acto de insumisión individualista, totalmente egocéntrico. Yo los definiría como cisnes nadando en un estanque de patitos feos.

A lo largo de la obra podemos encontrar desde una entrevista a los autores, recortes de prensa, emails, incluso una transcripción de un vídeo, ¿tuviste que pensar en todos estos formatos para poder dotar a tu obra de una mayor verosimilitud o, conforme ibas escribiendo, el propio libro te iba marcando sus necesidades?

Al poco tiempo de morir Bolaño, el último escritor con una visión romántica o el último canonizado y elevado a la categoría de mito, hubo una exposición en el MACBA que bajo el título ‘Archivo Bolaño: 1977-2003’ presentaba el material inédito del archivo de los herederos de Bolaño. Basándome un poco en esto, y teniendo en cuenta que el material dejado hoy por un artista fallecido, puede constar no sólo de fotografías o de documentos manuscritos sino también de correos electrónicos, confeccioné el legado extravagantista.

Ambos personajes, tanto Leo como Ana, llevan una vida normal, sin embargo, es la unión de ambos la que provoca que comiencen a actuar de forma, si se me permite la expresión y a tenor del título, extravagante.

Yo creo que eso nos ha pasado a todos alguna vez. Que te mueves en un círculo en el que no sientes que estás en sintonía con la gente. Entonces, llega un momento en el que a tu verdadero yo lo estás coartando todo el rato. Hasta que de repente llega alguien que maneja un sentido del humor parecido al tuyo, que si tú te estás tomando copas a las 3 de la mañana y te quieres quedar hasta las 6 te acompaña, y entonces esto hace un poco que no solo no se coarte tu libertad, sino que incluso salgan facetas que tú mismo desconoces. A los personajes lo que les ocurre es precisamente eso;  tal y como digo en el libro son: dos piezas de un arma que por separado no sirven para nada, pero que cuando se juntan son mortíferos. Por eso, ambos parten de un mundo de apatía en el que la unión con el otro provoca que den rienda suelta a su libertad.

A mí, personalmente, este libro me ha provocado varios sentimientos, desde cariño a los personajes, envidia por la naturalidad de su pensamiento, repudia en ocasiones por algunos de sus actos. ¿Qué sentimientos te producen a ti, como autor cada uno de los personajes?

Imagino que con lo de repudia te refieres al suceso que ocurre cuando defeca Leo y luego lo restriega por la pared. Me hace gracia eso porque todo el mundo hace referencia a esa parte. En muchas novelas se hablan de cosas mucho más desagradables o atroces que en la mía, pero como intento darle a la novela un tono poético, o en esta en concreto una estética que podríamos asimilar al cine de la Nouvelle Vague, cuando estás en ese mundo de gente tan cool o tan naif, te meten una escena tan burda y consigues un efecto mayor. Me gusta jugar con los dos polos, con la belleza, lo naif, pero de repente meter una escena de violencia o algo muy visceral. Los personajes me caen bien, aunque también podría hacerles un montón de críticas: son muy radicales, tienen un punto de frivolidad, un punto de falta de madurez. De hecho, el suicidio sería una de las mayores críticas que les haría.

Lo que, a priori, parece contar una historia de amor seguidamente pasa convertirse en una historia de escritores que llevan al límite su arte, convirtiéndose en personas bastante excéntricas, ¿crees que la idea que de los autores se tiene es una imagen idealizada o distorsionada de la realidad?

Yo, en este sentido, no soy objetivo, ya que siempre he sido muy melómano y siempre he tenido una cierta tendencia a idealizar a tu escritor o músico favorito, pues ¿qué pasa generalmente cuando les tratas de cerca? Que desmitificas un poco lo que hay detrás del arte, ves que no hay tanta trascendencia ni tanta mística sino que lo que hay es mucho oficio, como en el trabajo que puede realizar un carpintero, que sabes que detrás hay muchos pespuntes, muchas cosas entre bastidores… Para mí, madurar y conocer el oficio desde dentro, ha sido como descubrir que los reyes son los padres. Cuando tienes presente a un artista al que admiras todo el día en las redes sociales se pierde algo del romanticismo o de la magia. Opino que, parte del efecto de la obra de arte, se pierde cuando te acercas demasiado a quien la gesta.

Francisco Daniel Medina, el autor de "La Extravagancia"

Francisco Daniel Medina, el autor de «La Extravagancia»

Además, el libro contiene un fragmento de cada una de las obras de Leo y Ana, algo que he podido apreciar, es que está cargada de fragmentos de su propia vida. De hecho, en ocasiones, podrían llegar a confundirse por la influencia que ejercen, en el contexto del libro, la ficcionalidad su obra y su propia vida. ¿Consideras que la literatura bebe de la experiencia de su autor?

Sí, ahí justamente lo que hago es hacerle un guiño a mi modus operandi. Ana escribe un libro titulado ‘El sueño de Jane’ en el que dos personajes terminan dentro de un capullo gigante semejante al que elaboran las mariposas y, y al mismo, tiempo ella tiene gusanos de seda y va a buscar hojas de morera para alimentarlos. Es decir, es un ejemplo de cómo convierte la realidad en ficción, pero no contándola tal cual, y también vuelvo a hacer el guiño quijotesco de confusión entre realidad y ficción.

Si me tuviera que quedar con una parte de la novela, a mi parecer la más representativa es la siguiente: Cuando regresaron a casa, Leo se subió a la azotea y se puso a dar vueltas con la bici. Ana, por su parte, se fue directamente a su habitación para dar de comer a sus gusanos de seda. Además del incidente de la Sala 7, ¿cuáles crees que fueron los motivos añadidos para el cambio en la personalidad de los personajes?

El incidente en la Salta 7 es la gota que colma el vaso. Ellos llevan un tiempo pensando en la idea de dejarlo todo para dedicarse a la escritura, pero tiene que pasar algo drástico para dar el paso.

Siempre se ha dicho que conseguir publicar en una editorial es un proceso complejo, sobre todo cuando se está empezando, ¿cuál ha sido tu experiencia?

A mí me pasó lo más increíble del mundo, terminar la primera novela, presentarla a un premio y ganarlo y, como consecuencia, publicar directamente con una editorial independiente y muy seria como es Huerga & Fierro, pero esto no me abrió ninguna puerta a posteriori. El siguiente libro vino de la mano de Staf Magazine que es una revista de Cultura independiente y DIY, con quienes colaboro y me une una relación de amistad pero que no es una editorial estrictamente literaria. Hasta que he tenido la suerte infinita de tropezarme con la Editorial Siníndice, una editorial que me parece un ejemplo a seguir. Ha sido una suerte para mí haberme cruzado en el camino con Diego Iturriaga Barco, que es la persona que está detrás de la editorial y que, al igual que me pasaba a mí con la escritura, le ocurre a él con la edición: le mueve el amor por los libros y compagina esta pasión con la enseñanza en la Universidad Internacional de la Rioja. Él comienza en el 2009 editando 5 títulos al año, los cuales lleva en su propio coche a las librerías. Ahora ya editan más de una veintena de libros y tienen muy buena distribución a nivel nacional. No me ha impuesto nada y consulta con el autor todos los aspectos relacionados con el libro dejándote total libertad a la hora de que tú puedas aportar ideas.

Muchas gracias por la entrevista Francisco, para terminar, ¿qué esperas de La Extravagancia en esta segunda edición?

Habiéndose agotado la primera edición en poco menos de un año, la sensación que tengo es la de que el libro puede tener más recorrido. A veces los autores pecamos de empezar a pensar rápidamente en la obra nueva y olvidarnos de la recién publicada y, hoy día, creo que hay que conciliar ambas cosas, y como autor, al margen del trabajo que haga el editor, tú también debes moverte si quieres que tu libro siga vivo. Soy cada vez más consciente de que el libro no se termina cuando se publica, sino que hay que trabajar mucho para que encuentre a su lector potencial. Espero que esta entrevista, en un espacio como el vuestro con el cual me siento en sintonía, ayude a encontrarlos.

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