Nunca viajó fuera de Francia, pero las continuadas visitas de Henri Rousseau al Museo de Historia Natural y a los jardines botánicos de París fueron suficientes para alimentar sus creaciones, de tintes surrealistas. “Cuando estoy en estos invernaderos y veo las extrañas plantas de tierras exóticas, me parece que estoy entrando en un sueño”, llegó a asegurar el pintor, representante del arte naif. Debido a su pasión por la música y la poesía, los instrumentos musicales se convirtieron en elementos habituales de sus fantasiosas y mágicas composiciones.

El escritor de cuentos infantiles Pinin Carpi relató cómo, en una historia de fieras y verdes selvas, Javigna, una mujer gitana, toca su “mágica” mandolina. Lo hizo inspirándose en los lienzos de Rousseau, concretamente en La Gitana Dormida. Allí, según Violeta Izquierdo en su Movimientos Artísticos Contemporáneos, todo permanece en silencio y “parece un ambiente propicio para escuchar las notas salidas de la mandolina”.

La Gitana Dormida de Rosseau

La Gitana Dormida, de Henri Rousseau

El Encantador De Serpientes

La Encantadora De Serpientes, de Henri Rousseau

Otro paisaje nocturno de luna llena en el que Rousseau introdujo la música es en La encantadora de serpientes. La escritora Ángela Wenzel describe a la protagonista como una dama que domina flora y fauna con su flauta mágica y “encanta a la naturaleza salvaje o, mejor dicho, la paraliza en un extraño silencio”, según el Museé d’ Orsay. El cuadro nació de las historias de los viajes a la India de la madre del pintor abstracto Robert Delaunay. Se cree que después de escucharlas recorrió los circos de París para observar a encantadores de serpientes y así dar forma a lo que la mujer había relatado.

Parte de "El Sueño" de Henri Rosseau

Detalle de El Sueño de Henri Rousseau.

La figura del encantador de serpientes volvió a aparecer en El Sueño, que Henri Rousseau acompañó con un poema titulado Inscription pour la Rêve:

“Yadwigha en un hermoso sueño

se ha dormido suavemente.

Oye el sonido de un pequeño oboe

interpretado por un buen intencionado

encantador [de serpiente].

Mientras la luna se reflejaba

en los ríos [o flores], los árboles verdes,

las serpientes salvajes escuchan

las alegres melodías del instrumento

Inscription pour la Rêve, Henri Rousseau

Todos estos personajes abrazan lo salvaje a través de la música, que inunda unos paisajes más fabulosos que reales. Las mandolinas y oboes rústicos abren las puertas a mundos lejanos y espirituales.

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