Nadie sabe realmente quién fue ni cuando comenzó su leyenda. Dicen que quizá un ladrón de ganado, un personaje mitológico o la reencarnación de San Sebastián. Lo cierto es que los pies de Jarramplas pisan cada veinte de enero las gélidas calles de Piornal tocando el tambor mientras sus vecinos le persiguen lanzándole nabos.

Jarramplas

El objetivo del Jarramplas es aguantar el máximo tiempo posible para disfrute de sus paisanos.|| Fotografía: Antonio López Díaz

La tradición manda que Jarramplas se presente voluntario como una promesa a San Sebastián, patrón de la fiesta. Durante todo el año se harán los preparativos para la ocasión, el traje, la máscara. La mujer de Jarramplas (esposa, madre…) confeccionará el traje y tendrá un papel protagonista en la parte religiosa de la fiesta. Se escogerá a los mayordomos que serán los encargados de ayudar en los preparativos y acompañar y cuidar a Jarramplas el día veinte de enero. El día de antes, el diecinueve, los mayordomos pueden salir con el traje a sufrir la ira de los vecinos de Piornal en forma de nabos, pero el veinte de enero, San Sebastián, saldrá solo el verdadero Jarramplas.

La preparación física es fundamental. Ángel Cerro, uno de los tres Jarramplas de 2015 hace ejercicios de calentamiento antes de vestirse. || Fotografía: Antonio López Díaz

La preparación física es fundamental. Ángel Cerro, uno de los tres Jarramplas de 2015 hace ejercicios de calentamiento antes de vestirse. || Fotografía: Antonio López Díaz

Jarramplas viste un traje confeccionado con cintas de colores y una demoníaca máscara tocada por un mechón de crines de caballos. Antaño su única protección contra los golpes de los nabos eran múltiples capas de ropa, jersey sobre jersey, pelliza sobre pelliza. Las contusiones dejaban el cuerpo tan molido y amoratado que era necesario una semana de convalecencia en cama. Últimamente se utiliza una armadura de fibra de vidrio, espinilleras y las protecciones de los porteros de hockey sobre hielo para las manos. Los golpes en la armadura y en la máscara son tremendos y el Jarramplas terminará exhausto su recorrido.

Un buen Jarramplas debe darle a su pueblo tiempo para disfrutar y será mejor considerado el que más aguante. Cada año un Piornalego pone en juego su hombría ante la lluvia de nabos lanzados sin compasión, alargando al máximo su recorrido hasta que el cuerpo aguante.

Los quintos del año, se llama quintos a los muchachos que en el año en curso serían llamados a cumplir el antiguo servicio militar coincidiendo con la mayoría de edad, son los encargados de aprovisionar de nabos para que no le falten al pueblo proyectiles. El Jarramplas les indica cuáles serán sus paradas durante el recorrido y allí dejaran montones de nabos para que sea bombardeado.

Los Jarramplas 2015 Carlos Calle, Ángel Cerro y Raúl Beites bajo San Sebastián, patrón de la fiesta.|| Fotografía: Antonio López Díaz

Los Jarramplas 2015 Carlos Calle, Ángel Cerro y Raúl Beites bajo San Sebastián, patrón de la fiesta.|| Fotografía: Antonio López Díaz

Las paradas están pensadas a conciencia, lugares típicos como la fuente y la torre de  la iglesia, la nueva estatua dedicada a Jarramplas, o bien las puertas de los vecinos o instituciones. En esas paradas es donde más sufre el cuerpo del hombre frente al pelotón de violentos lanzadores de nabos. Jarramplas les arenga levantando los brazos y tocando tranquilamente el tambor mientras recibe la ira del pueblo. El propio Jarramplas es objeto de venganzas, todos saben los puntos débiles de la armadura porque todos la han llevado, todos ven tras la máscara quién y cómo les han lanzado los nabos y solo queda aguardar el momento de estar enfrente, porque todos pasarán por debajo de la máscara.

El lanzador de nabos no está fuera de peligro, el fuego cruzado cuando Jarramplas camina se hace tan peligroso que son múltiples los impactos en cuerpos blandos, narices rotas, ojos hinchados, chichones, cabezas noqueadas y moratones múltiples. Todos acogidos de buena gana y sin una sola queja. Se rumorea entre la población que la puntería del lanzador puede fallar a conveniencia en determinados casos.

Paseo del Jarramplas por las calles de Piornal. Los más pequeños lanzan los nabos desde las ventanas para evitar el peligro de ser alcanzados por un nabo. || Fotografía: Antonio López Díaz

Los más pequeños lanzan los nabos desde las ventanas para evitar el peligro de ser alcanzados por un nabo. || Fotografía: Antonio López Díaz

Durante el recorrido los mayordomos acudirán en ayuda del Jarramplas cuando este lo solicite parando momentáneamente el linchamiento. Se le quita la máscara para que respire libremente y retome el aliento, se le limpiará la cara de las esquirlas de los nabos que entran por los agujeros de la máscara destinados a la visión. La garganta seca recibirá alguna bebida, los ojos irritados del vapor que sueltan los nabos al quebrarse se refrescaran con el aire durante unos minutos.

Cuando las fuerzas y el ánimo de Jarramplas están fallando este se dirige al final el recorrido donde le espera su familia. Los mayordomos le quitan la máscara y suben a hombros a un hombre totalmente extenuado mientras el pueblo le vitorea.

Carlos Calle es levantado en volandas por los Piornaleros al terminar su rrecorrido, su familia le vitorea desde el balcón de su casa. || Fotografía: Antonio López Díaz

Carlos Calle es levantado en volandas por los Piornaleros al terminar su recorrido, su familia le vitorea desde el balcón de su casa. || Fotografía: Antonio López Díaz

La noche anterior, justo a las doce cuando comienza el día veinte, se produce uno de los acontecimientos que hace especial esta fiesta, “las alborás”.  Jarramplas sale de la iglesia para recorrer el pueblo caminando de espaldas y tocando el tambor, las mujeres del pueblo le siguen cantando coplas “Sebastián valeroso hoy es tu día, todos lo festejamos con alegría…. a los veinte de enero cuando más hiela, sale un capitán fuerte a poner bandera”.

Durante unos años la fiesta estuvo en peligro de desaparecer si no fuera por unos pocos que continuaron la tradición y fueron turnando el peso de Jarramplas infligiendo a su cuerpo el castigo durante varios años.  Hoy casi todos los hombres del pueblo han salido como Jarramplas o Mayordomos a recorrer las calles. El futuro está asegurado, hay niños apuntados para el 2025 cuando tengan la edad suficiente para mantener el tipo ante los nabos. Porque para los piornalegos es lo normal, es su meta conseguir serlo, desde pequeños sus padres les visten con los trajes, a la salida del colegio juegan a serlo lanzándose los nabos que han escondido tras la fiesta.

Jarramplas toca el tambor en la plaza de la iglesia bajo la lluvia de nabos. || Fotografía: Antonio López Díaz

Jarramplas toca el tambor en la plaza de la iglesia bajo la lluvia de nabos. || Fotografía: Antonio López Díaz

Hay quien puede ver en la ira del pueblo contra Jarramplas un acto salvaje, pero también quién encuentra una forma en la que la comunidad cierra sus heridas, una manera de curar controversias entre sus habitantes. Sea como fuere, una fiesta tradicional en la que el hombre se enfrenta al hombre, a sus límites de odio y de resistencia. Una prueba de hombría donde el Jarramplas se sacrifica para disfrute de un pueblo que durante minutos vuelca su odio contra él y su amor el resto del año.

Jarramplas, el documental

El documental Jarramplas la ira del pueblo de Antonio López Díaz y César Alonso Dominguezha sido premiado con la “Fal de Oro” en el festival de temática rural de Urrea de Gaén FESTIFAL y fue seleccionado para la sección oficial del festival CORTADA en Vitoria.

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