Es conveniente sacar del cajón de los recuerdos la historia de un hombre que supo sobreponerse y levantarse tras haber caído; Jim Braddock. Nació en 1905 en Hell’s Kitchen, barrio pobre y difícil, principalmente habitado por inmigrantes irlandeses como los padres del propio Jim. Tras vivir unos años en dicho barrio, sus padres decidieron mudarse al conocido New Jersey. Fue allí donde Jim empezó a interesarse por el deporte.

Jim Braddock

Jim Braddock

Un chico robusto como él tenía todas las cualidades para dedicarse al football, pero para ello debía pasar por la universidad. Sin embargo, Jim carecía de cualidades para estudiar y su familia tampoco podía permitirse mantener a un universitario. De esta forma, el football quedó descartado. Jim tenía una magnifica herramienta: su físico portentoso. Y no iba a desperdiciarla, por ello se dedicó al boxeo, donde destacó como aficionado.

Se convirtió en el centro de las miradas del circuito amateur. Gano títulos en la categoría de semipesado, su categoría habitual. Aunque también participó en el siguiente escalón: pesos pesados, categoría en la que consiguió hacerse con el “Guante de Oro”. Pronto dio el salto y empezó a competir de forma profesional. Su resistencia y golpeo de derechas lo llevaron a la cima en muy poco tiempo. En 1929, con veinticuatro años, tuvo la oportunidad de disputar el cinturón de campeón a T. Loughran. El combate se debatió durante los quince asaltos que dicta el reglamento. Se lesionó la mano derecha durante el combate, su gran arma, y tras sonar la campana los jueces dieron como vencedor a su oponente. Aquello supuso el principio del fin.

Braddock empezó a divagar por los cuadriláteros con una mano destrozada y unas estadísticas que caían al mismo ritmo que Wall Street. Cada vez ganaba menos dinero con los combates, lo que le llevó a multiplicar su apariciones en los ring para seguir subsistir. Al mismo tiempo destrozaba todavía más su mano derecha. Fue en ese momento cuando Jim empezó a asumir que su vida estaba lejos de los cuadriláteros e invirtió todo el dinero ganado en una empresa de taxis.

Estados Unidos vivía la terrible crisis del 29, por lo que montar una empresa suponía un enorme riesgo . Y efectivamente, la empresa no funcionó como se esperaba. Jim se quedó en la ruina. Con una mujer y tres hijos el exboxeador tenía que alimentar a una familia, y para ello siguió subiéndose al ring por un puñado de dólares. Jim Braddock

No tardo en acudir a la caridad ya que lo que ganaba arrastrándose por los cuadriláteros era una cifra muy inferior a lo necesario para mantener a su familia. A los veintiocho años se había convertido en un jubilado, intentando hacer cualquier cosa sobre un ring para poder pagar sus deudas. En 1933 colgó los guantes, pero no lo hizo de forma definitiva.

Se alejó del ring y ejerció trabajos como camarero o estibador en el puerto, pero nada de lo que hacía era suficiente para salir adelante. Al año siguiente, la prensa empezó a interesarse por su historia, lo que le dio publicidad gratuita. Pronto le llegó una oferta para volver a pelear en el Madison Square Garden. Corn Griffin sería su rival, prometedor púgil de tan solo veintitrés años. Al exboxeador, que había vuelto a su oficio se le ofreció dinero a cambio de una derrota segura, pero Jim se tomó el combate como una segunda oportunidad y decidió entrenar duro durante las cuarenta y ocho horas anteriores al combate. Estaba en juego la comida de su familia.Jim Braddock 3

Jim utilizo todas sus armas para ganar a aquel joven, incluso con su maltrecha mano derecha. En el tercer asalto Braddock noqueó a su rival, ganando contra todos los pronósticos. Jim se empezó a convertir en un icono para el americano medio: un hombre que resurgía de sus propias cenizas, con una actitud honesta y humilde. No tardó en seguir ganando combates, y con el dinero ganado, recorrió los centros que le ayudaron cuando no podía permitirse sacar adelante a su familia. Entregó cantidades suficientes para reponer el gasto que él y su familia les supuso, y un extra para que siguieran ayudando a más familias. La popularidad de Braddock se disparó, y con ella llegó la oportunidad que estaba esperando.

En 1935 Max Bear, campeón de los pesos pesados, aceptaba poner su título en juego. Jim se preparó aquel combate de manera excepcional, no sólo en el aspecto físico, sino también en el técnico. Sonó la campana, Jim usaba su mano izquierda para controlar el combate, aquello desconcertó a Max. El campeón empezó a sentirse apabullado y trasformo la frustración en furia. La ofensiva de Bear fue dura, cuatro asaltos donde Jim aguanto la lluvia de golpes como pudo. Parecía que podía ser tumbado en cualquier momento. Bear perdió energías, en cambio Jim se mantenía enérgico. Los jueces no dudaron: Jim Braddock era el nuevo campeón mundial de los pesos pesados.

Jim Braddock murió en 1974, a la edad de sesenta y nueve años. Lo que es seguro es que la historia del boxeador del pueblo quedará para la eternidad. La historia en la que un hombre luchador fue capaz de volver tras haber caído.

Send this to a friend

[responsivevoice voice="Spanish Female" buttontext="Escuchar"] A button to read only the text surrounded by these shortcodes. [/responsivevoice]