Manuel Borja-Villel quiza sea una de las personas del panorama artístico nacional, si no con más voto, sí con más voz. Arrancó en la Fundación Antoni Tàpies y, tras varios saltos, llegó a las costas de este Madrid allá por el 2008 para ser director del Museo Reina Sofía. Me explica cómo ha sido el proceso de lavado de cara de una de las instituciones de su tipo más importantes a nivel mundial, haciendo de ella un referente. Su despacho es una vorágine de libros, papeles y personas en un perfecto orden. Cuando le miro a la cara veo a una persona feliz de llevar sobre los hombros la responsabilidad de este coloso del arte. Sam, mi compañero en esta ocasión, sabe captar a la perfección el tiempo que nos ha dedicado Manuel, o Manolo, como cariñosamente le llama la gente que le rodea.

Manuel Borja-Villel, director del Museo Reina Sofía

Manuel Borja-Villel. || Samuel Delgado.

Entrevista a Manuel Borja-Villel

Empieza en la Fundación Antoni Tàpies, posteriormente sigue con el MACBA y termina aquí, en el Reina Sofía.

En primer lugar, el Reina Sofía tiene una colección del siglo XX y era algo que me interesaba. Tiene una serie de vanguardias históricas de los años 20 y 30, con el auge de los fascismos, además de la importancia que tuvo la guerra civil española como elemento central de Europa en esos momentos. En segundo lugar, está la cuestión de escala. Había trabajado en una institución pequeña que tenía una estructura de cercanía como es la Tàpies. El Reina sí que me permitía trabajar a una escala de mayor complejidad. Este museo es casi como una ciudad donde se antagonizan y se alternan discursos, formas de experiencia y formas de trabajar que son muy diversas…  eso me interesaba y pensaba que era importante hoy en día.

En el MACBA por ejemplo, después de diez años pensaba que había terminado un ciclo. Se había creado una institución con una identidad propia, en el museo, con un centro de estudios… toda una serie de elementos en las que consideraba que debía haber un cambio y un relevo.

¿Ha dejado huella?

Eso se lo debería dejar decir a otras personas. Me gustaría creer que sí. A nivel artístico, político…

Al llegar al Reina Sofía haces una serie de cambios que consiguen ser una reforma notable en la estructura de los cuadros.

Cuando llegué, estaba organizada por nombres propios. Estaba la sala Miró, las salas Picasso, la sala Dalí, etc. Era una estructura de grandes autores y nos interesaba crear un proyecto distinto donde hubiese otro tipo de voces, donde el nombre propio no fuera lo esencial…

Como está organizado el Prado.

Claro. La idea aquí era dotarlo de una mayor complejidad. Era un museo donde se refería todavía a esta idea identitaria de lo que es la colección, o la idea de nación, como algo cerrado. A nosotros nos interesaba la idea de una identidad en relación con los demás. Nos interesaba una colección que tuviese un sentido histórico. Había una serie de asuntos que era fundamental afrontar.

Lo primero que hice fue introducir el pabellón de la República enfrente del Guernica. Esto era, no solo situar la obra maestra de un artista genial, sino también como una obra que un artista hace en un contexto muy específico, que es el pabellón de la República. Un contexto más amplio y una redefinición de lo que era la historia. Otra fue crear un departamento de programas públicos con todo lo que significaba. Esto también implicaba, a nivel de colección, romper con la separación de disciplinas profesionales adscritas a una técnica que era la escultura, la pintura, etc. Estábamos interesados en una posición transversal donde los artistas pudieran trabajar en diversos medios. De hecho, se hablaría más de formatos que de técnicas.

Manuel Borja-Villel, director del Museo Reina Sofía

Manuel Borja-Villel. || Samuel Delgado.

¿Y en otros sectores?

Otro fue la creación de programas públicos con un área que incluía conferencias, que ya se hacían, pero más intensificadas, de modo que el debate fuese más importante. Introducir cine, danza o música de una forma más sistemática… Sobre todo, crear un centro de estudios y un programa pedagógico que se ha ido desarrollando. Además, creamos una línea de exposiciones donde el elemento discursivo era importante. Por último, también hay algo que tiene que ver más con gestión. El museo debe ser sostenible, buscar formas de financiación, de entender que el servicio público está ahí y de que no haya una visión economicista de la cultura. La idea era pensar que se podía hacer una gestión compleja y progresista, no espectacular ni interesada por el retorno inmediato de visitantes, pero aun así hacer que el museo fuese sostenible. El resultado es que incluso con la crisis hemos aumentado de visitantes. Cuando llegué había un millón y medio, ahora hay cuatro. Cuando llegué los ingresos propios eran de un 5%, ahora si cuentas solo los monetarios, de un 20% aproximadamente. Si incluyes las obras que llegan por donación, acaban entorno al 40%.

¿Cómo se financia el Reina Sofía?

Hay varias fórmulas. Por un lado, están las transferencias del Estado. Creo que es importante que las instituciones públicas sigan apoyando a los museos. Es básico por una razón muy clara. Es normal que las instituciones privadas apoyen lo que les gusta, les estamos muy agradecidos, pero habrá siempre elementos que no serán populares, que no tendrán resultados inmediatamente. Ahí es importante que lo público esté.

Por otro lado, tenemos una fundación de coleccionistas españoles, sudamericanos y europeos que en muy pocos años está ayudando bastante a la compra de obras. Luego tenemos una asociación de amigos, la idea es dinamizarla y que sirva para apoyar otro tipo de proyectos. Por último están los elementos de explotación. Cuando llegué había una cantina que no daba ningún dinero. Ahora tenemos dos restaurantes que nos proporcionan bastantes recursos. Tenemos una tienda, una librería…

¿Ha sido significativo para el Museo el aumento del precio de la entrada?

Sí es verdad que se subieron las entradas, pero seguimos siendo el museo más barato, aparate de incrementarse las gratuidades dominicales. Casi el 70% de visitas son de forma gratuita así que lo que hicimos fue intentar que la necesidad de autofinanciación no afecte a la idea de servicio público y creo que desde la crisis del 2011 es más bien lo contrario. Al museo, que es una gran maquinaria, le faltaba empatía con el lugar con el cual está. Es algo que estamos trabajando con Museo Situado. El museo es un lugar de representación, de pensamiento, pero también es un espacio público y la idea con esto del Museo Situado es que la gente del barrio tenga un lugar donde debatir. Dicha institución lo propicia, pero no están dirigidos por nosotros. Por ejemplo, con motivo del 8M hubo unas sesiones de debate. Con respecto a esto, pienso que todos los museos deberían crecer.

Manuel Borja-Villel, director del Museo Reina Sofía

Manuel Borja-Villel. || Samuel Delgado.

¿Hay algo que sigas buscando cambiar?

El museo tiene una estructura muy precaria en el sentido salarial… Hay departamentos infradotados, pero eso por desgracia no depende de nosotros, depende de la función pública y por tanto es algo que todavía hay que conseguir.

¿Esta idea de remodelación del Reina Sofía es genuina o hay precedentes de otros museos?

 De algún modo, algunas de las cosas que hacemos aquí tienen su precedente en la Tàpies y en el MACBA. Es algo que venía trabajando y la evolución era casi lógica. A partir de ahí uno no aprende de la nada. Hay referencias. Para mí tiene mucha importancia la reflexión y la obra de Marcel Broodthaers sobre los museos. Lo mismo podríamos decir con Hans Haacke … Esas influencias están ahí, así como prácticas de otros artistas como algunos conceptuales hispanoamericanos o de Europa del Este que no tenían instituciones y se tuvieron que inventar sus propias formas de escribir la historia y crear los espacios de debate.

¿Y planteamientos ante situaciones nuevas?

¡Las hay! Existen dos elementos que para mí son importantes. El primero es la idea de archivo. Y luego, no hay ningún museo que pueda estar solo. Cualquier tipo de trabajo es en relación con el mundo. Nos interesaba crear una estructura de museo en red. No solo trabajar con los museos, sino también con otro tipo de formas de organización, con espacios alternativos, espacios que están planteando la educación de otro modo… Este trabajar en red es algo que hemos ido desarrollando a partir de nuestra propia experiencia. Todo esto frente a los museos franquicia donde lo importante es la marca, el espectáculo, donde todo aquello que tiene de complejo e incluso de posicionamiento político no existe.

¿Cómo la sede del Reina Sofía en Santander?

Ese sería uno, pero también está La Internacional, la red de conceptualismos del sur con Latinoamérica, El Instituto de la Imaginación Radical… Básicamente son un tipo de instituciones totalmente dispares del Mediterráneo. Se basa en que, si la cultura occidental, de algún modo empezó con Egipto, Sumeria o Grecia, posiblemente, siendo el gran referente cultural de occidente, en estos momentos se ha convertido en una fosa común. La idea era, en instituciones del Mediterráneo tanto de la orilla norte y de la orilla sur, plantear otros mundos posibles a partir de la cultura y de lo que forma parte del legado común del Mediterráneo en lugares donde las instituciones públicas han fracasado, véase Grecia.

Esto lo llevas a cabo incluso en los peores años de la crisis.

De hecho, fue el reto. Todo esto ha sido posible y siempre he estado muy orgulloso. En el MACBA acabé dejando un equipo extraordinario, en la Tàpies también y aquí, a pesar de ser más complicadas las cuestiones de contratación, tengo un equipo humano muy importante. Eso es fundamental. Compromiso con la institución.

Lo que planteamos era un sistema que, siendo sostenible, priorizarse la parte creativa y educativa. Más o menos creo que lo hemos ido consiguiendo. Pero hay una cosa fundamental y que no depende de nosotros: todo sistema cultural es un ecosistema. Nosotros como grandes instituciones lo tenemos un pelín más fácil para conseguir patronos privados, pero una institución grande no funciona si no funciona ese ecosistema. Para que funcione una asociación grande tiene que haber una pequeña.

Manuel Borja-Villel, director del Museo Reina Sofía

Manuel Borja-Villel. || Samuel Delgado.

¿Algo importante que falte por trabajar?

Habría que crear esta estructura no solo sostenible sino también solidaria, en el sentido de que es imperante pensar que otras instituciones que tengan pocos visitantes, o que pueden hacer cosas a largo plazo siendo mejor que no tengan una exposición inmediata, porque de algún modo cierta visibilidad impide la experimentación. Ese ecosistema es algo que está aún por trabajar a fondo. Con este trabajo de en redes, por el momento, estamos solo trabajando en una ciudad llena de museos-franquicia como es Málaga. Colaboramos con la Casa Invisible, una casa ocupada, algo que rompe totalmente con esta estructura de franquicias. Para ello es importante trabajar en red.

Al no existir una forma lineal de ver el Reina Sofía, ¿cuáles son las diferentes formas de poder verlo?

Hay muchas perspectivas. Puedes hacer una ruta que tenga que ver con una evolución más o menos lineal, pero la tendrías que hacer de un modo consciente. Cuando vas siguiendo la evolución se te van confrontando las obras. Ves la generación de los años 50 con los Tàpies, Antonio Saura… con estas pinturas gestuales, negras… y ves luego los americanos, cómo querían los artistas españoles hacer lo que hacían los estadounidenses en otro contexto. Pero también puede ver la colección desde un punto de vista más histórico. O desde el punto de vista que tenga que ver con la arquitectura o con el feminismo.

También tienen una guía en papel.

La guía es más o menos tradicional, pero lo ideal sería mirarla como si fueran unas instrucciones de uso en el sentido de que fuese un dispositivo que cada visitante pudiera utilizar como quisiese.

¿Qué ha pasado en general con el arte hispanoamericano?

Nos hemos llenado mucho la boca con el arte latinoamericano, pero en general no se ha trabajado tanto. Eso es algo que hemos intentado hacer. Luego se ha trabajado otro cierto tipo de arte latinoamericano. Si te das cuenta, en las exposiciones se suelen repetir los mismos nombres. Primero, Latinoamérica es un continente inmenso donde están las poblaciones de origen europeo, pero también las indígenas, la diáspora negra… realmente hay elementos muy complejos y esa complejidad no siempre se ha tenido en cuenta. También hay otro elemento acallado y es la ribera sur del Mediterráneo. Son elementos que casi diría que son reprimidos en nuestro imaginario colectivo. Ahí sí que la función de un museo no es predicar ni decir verdades, sino proponer visiones que de algún modo estén olvidadas y sacarlas a la luz. Eso sí que es nuestra obligación.

Llevamos tiempo hablando del Reina Sofía, pero cómo definirías este museo.

Son tres asuntos. Una historia de 24 horas al día 7 días a la semana y de un presentismo continuo en donde no hay sentido del pasado ni del futuro. Vivimos en una época en la que para el individuo lo importante es el consumo, el placer inmediato, y cualquier cosa que obstaculice ese placer es un problema. En esta era de presentización absoluta donde los gadgets dan la impresión de dar la felicidad, un museo que parece que tiene algo como de anacrónico te permite entender mejor tu época. Hay un elemento de tiempo largo que te hace entender qué es el momento actual. Dos, este proyecto se hace en relación con los demás. Tratar de conseguir que el consumidor que hace la foto y ya, se transforme en alguien que crea sus propios relatos. Evita que sea alguien que venga, se ponga a estudiar y punto, sino alguien que sea capaz de interiorizar sus propios relatos. Para eso necesitas unos dispositivos que son un tipo de espacio, un tipo de redes… Entonces, sería un triángulo con esos tres elementos: tiempo largo, agencia y otro tipo de dispositivos que no son simplemente un cuadro a ver.

Manuel Borja-Villel, director del Museo Reina Sofía

Manuel Borja-Villel. || Samuel Delgado.

Un triángulo como en el que estamos ahora.

Bueno, también estaría la Biblioteca Nacional, la parte de Tabacalera, El Matadero…

¿Es normal esta concentración artística?

La monarquía española en lugar de invertir en deuda alemana (risas) se dedicaban a comprar obras para ellos y, como estábamos en guerra con los protestantes, es el motivo de que no haya prácticamente Rembrandt y sí mucho Rubens. Todo esto forma parte de un país con una historia muy larga. Eso es importante para la ciudad, pero es fundamental entender lo que no tenemos. Madrid es una ciudad privilegiada. Hay pocas: París, Londres, Berlín, Nueva York… No muchas más tienen una condensación tan alta de patrimonio tan importante. Pero, sería un error en pensar solo en esto. Es fundamental entender las carencias.

Creándose en la década de los 90, hemos conseguido estar a la altura de los mejores.

Creo que a pesar todas las crisis que ha habido, pero con un trabajo continuado de diversos equipos y diversos directores, sí que se ha convertido en pocos años en uno de los cuatro o cinco grandes museos de arte contemporáneo, sin ninguna duda. Es un referente. Esto se ha hecho en tiempo récord. Ahí lo importante es hacer autocrítica. Entender cuál es nuestra posición, qué podemos hacer, cuál es la identidad del museo. Sin embargo, también es importante no echar el niño con el agua sucia. Una de las críticas que se hacen es que se han hecho demasiados museos. Es verdad, pero es fundamental que nadie se plantee que cualquier pueblo tiene un equipo de futbol o dos. Que haya espacios donde la gente pueda exponer, hablar y debatir es esencial.

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