La serie británica creada por Charlie Brooker ha regresado de la mano de Netflix junto a una considerable polémica. Aunque sigue teniendo un buen número de fans incondicionales, hay críticos que han puesto el grito en el cielo y a muchos seguidores no nos acaba de convencer el retorno. No cabe la menor duda del altísimo nivel que ha mantenido la serie durante los siete capítulos y dos temporadas que preceden a la nueva y tercera edición. ¿Qué ha hecho Brooker en esta temporada?

Deteniéndonos, primeramente, en la crítica especializada, Liz Shannon Miller, de Indiewire, afirma sobre el capítulo titulado “Playtesting” que “resulta efectivamente espeluznante, pero no termina ofreciendo necesariamente una conclusión satisfactoria”; por su parte, Daniel de Partearroyo, de Cinemanía, anota sobre “Shut Up and Dance” que “quizás sea el episodio más flojo del canon Black Mirror, principalmente por su simpleza argumental”.

Y podríamos continuar mencionando algunas de las abundantes críticas que denotan mediocridad, algo que nunca había pasado en episodios previos a esta tercera temporada. También es cierto que siguen abundando las críticas positivas y, como decíamos, los fans incondicionales, pero con las series pasa que el espectador pierde objetividad –no hay más que ver las altas puntuaciones que tienen la mayoría de series en páginas como IMDB o Filmaffinity–.

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Michael Kelly en “Men Against Fire”, Netflix || Fuente: Elaboración propia

Distopías tecnológicas

Black Mirror sigue hablando en clave distópica (pese a lo que diga su creador) de los potenciales futuros que nos deparan las redes sociales y las diversas implementaciones tecnológicas. Los paraísos virtuales, en general, y la ingente cantidad de servicios online, nos permiten hacer prácticamente cualquier cosa desde el sillón de nuestras casas: comprar el más extraño de los productos, encontrar pareja y hasta jugar al póker, entre una interminable lista de posibilidades. Algunos ejemplos prácticos son eDarling, el gigante de las citas “serias” que no deja de crecer y que nos permite encontrar a una persona que encaje exactamente con nuestras pretensiones; PokerStars, donde podremos disfrutar del mejor póker e intercambiar impresiones con nuestros contrincantes; o Amazon, que nos permite encontrar toda clase de productos y recibirlos, en la mayoría de los casos, en 24 horas.

Los siete primeros capítulos, que retrataron esta evolución tecnológica y social inevitable a la que nos enfrentamos, fueron una auténtica genialidad, un ejercicio magnífico del séptimo arte –en pantalla pequeña– que nunca dejó de sorprendernos. La crudeza que caracterizaba a esos siete capítulos no es, precisamente, un sello de identidad de la tercera temporada y quizás este es uno de los principales problemas que acusa la serie.

No somos pocos los que nos preguntamos, después de ver la tercera temporada de Black Mirror, si Brooker no debiera haber puesto punto y final en “White Christmas, cerrando con este capítulo una de las obras maestras de la pequeña pantalla; o, al menos, no haber dejado que la factoría Netflix condicionara el espíritu de su trabajo, que es ahora más digerible y para –casi– toda la familia.

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Bryce Dallas Howard en “Nosedive”, Netflix || Fuente: Elaboración propia

Ver o no ver, esa es la cuestión

Entonces, ¿merece la pena ver la nueva temporada de Black Mirror? Por supuesto. De esto no acabe la menor duda. Todos los capítulos respiran un poco del espíritu que caracterizó a las dos temporadas previas. La producción es exquisita en la mayoría de los casos y, aunque no estemos pegados a la pantalla conteniendo la respiración, disfrutaremos de casi todos los capítulos más que con la mayoría de productos audiovisuales que han salido a la luz este 2016.

De hecho, somos muchos los que hemos visto un gigantesco rayo de luz con “Men Against Fire”. Este episodio es el más oscuro de los seis que componen la nueva temporada y, a pesar de que los giros no son muy acordes al resto de capítulos, nos trae reminiscencias de aquellas sensaciones tan genuinas que sentimos cuando vimos los primeros capítulos de la, por qué no decirlo, desmejorada seria de Brooker.

Si hay una cuarta temporada, esperamos que sea bajo el amparo de la originalidad que caracterizó los primeros pasos de Black Mirror.

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