En 1897 Bram Stoker publicaba su novela Drácula, cuyo homónimo protagonista estaba llamado a convertirse en el vampiro más famoso de la literatura. No sólo de la literatura sino también del cine, la televisión, el teatro y hasta de los videojuegos. Drácula es el referente por antonomasia del vampiro. Lo que muchos desconocen es cuál es el auténtico origen de este nombre.

Drácula Cine
Christopher Lee como el Drácula de Terence Fisher

Según los manuscritos conservados, el título original de la novela de Stoker iba a ser The Dead Un-Dead, que se podría traducir como El Muerto No-Muerto. El protagonista de la historia llevaba por nombre Conde Vampiro. Un nombre sencillo, previsible y muy poco original.

Bram Stoker estuvo investigando y documentándose sobre el folclore eslavo antes y durante el proceso de redacción de Drácula. Con la novela bastante avanzada pudo leer un trabajo del estudioso inglés William Wilkinson. La investigación llevaba por título An Account of the Principalities of Wallachia and Moldavia: With Various Political Observations Relating to Them. Se trataba de una especie de informe sobre los príncipes que habían gobernado Valaquia y Moldavia a lo largo de la historia. Entre las páginas de esta publicación encontró un nombre que lo fascinó: Drácula.

Portada de "Drácula" de Stoker
Cubierta de la edición de Vintage Español

Provenía del rumano Drăculea y era el patronímico que adoptaron los descendientes de Vlad II o Vlad Dracul, príncipe de Valaquia, tras el ingreso de éste en la Orden del Dragón. En español finalmente se quedó en Drácula.

Drácula como dragón

Respecto al origen de la palabra “dragón” se encuentra en el latín draco y éste a su vez del griego δράκων o drákon, serpiente o dragón, que etimológicamente significa “de mirada fija, que no parpadea”. El objetivo de la mencionada Orden del Dragón era el de proteger sus fronteras frente a las incursiones otomanas. Es por ello que la voz dragón cobra un doble sentido. Por un lado, el de animal fiero y poderoso, muy difícil de vencer en el imaginario medieval. Por otro, teniendo en cuenta su sentido etimológico, un dragón es un reptil de mirada fija y que no parpadea o, lo que es lo mismo, el mejor vigilante posible.

Las vinculaciones de la voz dragón con el demonio son de índole religiosa, no sólo en el rumano actual sino en el resto de lenguas. Desde el Génesis, desde el momento en que Eva mordió la manzana en el Paraíso instigada por la serpiente o drákon en griego, el cristianismo ha relacionado a ésta con el demonio.

A Vlad II o Vlad Dracul le sucedió su hijo Vlad III Drăculea, es decir, Vlad Hijo del Dragón. El nuevo príncipe Vlad Drăculea acabó adquiriendo un epíteto tras su muerte: Țepeș, que en español significa “El Empalador”. Este macabro sobrenombre se lo ganó por las técnicas de tortura que usaba contra sus enemigos. Su reputación de hombre cruel saltó todas las fronteras en el siglo XV y llegó a todos los confines de Europa.

Vlad Drakul
Vlad III Drăculea, príncipe de Valaquia

Vlad III Drăculea, Vlad Tepes o Vlad “El Empalador” fue el personaje histórico que inspiró a Bram Stoker. Y fue de éste de donde cogió el nombre para su personaje: Drácula. Finalmente Stoker, poco tiempo antes de que su novela saliera publicada, decidió cambiar el nombre de su personaje principal. Ya no sería el Conde Vampiro sino el Conde Drácula.

Este es el proceso que siguió Bram Stoker durante la creación de uno de los iconos más famosos y recurrentes de nuestra cultura. Aunque muchas fueron las fuentes en las que se inspiró el escritor dublinés, hubo un personaje histórico que influyó a Stoker por encima del resto: Vlad Tepes, príncipe de Valaquia.

Víctor Valero Bernal

Doctorando en Literatura.