Recientemente el espacio de la Cineteca de Matadero Madrid acogió una jornada con el nombre de Arte para la transformación social, donde se pudo contemplar el ya clásico falso documental que gira alrededor de la figura de Banksy, Exit through the Gift Shop (Banksy. Reino Unido, 2010). Tras este, vino el no menos interesante Somos Héroes (Juan Jaume Fernández. España, 2016) que narra la creación de un proyecto de arte comunitario por parte del colectivo Boamistura. Tras el visionado de ambos hubo una mesa de debate con algunos de los miembros de Boamistura.

El hilo conductor de ambos relatos visuales y posterior mesa redonda fue el poder transformador del arte a través de las intervenciones artísticas. Se prestó especial atención a las sinergias creadas dentro de las comunidades que reciben estas creaciones. En el caso del arte urbano o street art más puro que representa Banksy, con cuya identidad real se viene especulando en los últimos años, se trata de un estilo con fuerte carga de denuncia política y social que se extiende en los muros de las zonas deprimidas de las grandes ciudades. Frente a este estilo globalizado, Somos Héroes retrata la acción local y las repercusiones de la intervención del colectivo de artistas Boamistura sobre una comunidad en el mayor suburbio de Naroibi, Kibera.

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|| Fuente: boamistura.com

Transformación del espacio urbano

En los paisajes urbanos del siglo XXI la creación urbana se ha convertido en un agente trasformador más de las ciudades formando parte de un imaginario cívico y colectivo. Ejemplos de esta intervención visual y urbana son los barrios populares de ciudades como Lavapiés y Malasaña en Madrid o el barrio del Carmen y el Cabanyal en Valencia.

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|| Fuente: hyuro.es

Estos tres ejemplos, han sido áreas que tradicionalmente albergaron zonas industriales y/o clases populares que el tiempo y los progresivos cambios sociales y migratorios fueron convirtiendo en reductos medio abandonados  dentro de las grandes urbes. Las políticas de intervención e inversiones privadas no llegaron hasta hace escasos años convirtiéndolos en lugares multiculturales catalizadores de tendencias culturales y urbanas debido en parte por la promoción de instituciones culturales tanto públicas como privadas.

Tradición y posmodernidad

Precisamente la elección de estos espacios enraizados en el tejido urbano de las capitales que recibieron la modernidad desde finales del siglo XIX no es casual. Frente a la inmensidad del crecimiento (des)controlado de las ciudades, los barrios tradicionales se han convertido en los portadores y protectores de las formas y expresiones artísticas más transgresoras y contemporáneas. Identificándose en una misma fórmula tradición, identidad y cultura que sirven de refugio del fasto, y en ocasiones, impersonal ritmo de la ciudad.

El caso del barrio marítimo del Cabanyal , tras años de litigios para evitar la especulación urbanística, se encuentra en pleno proceso de redefinición urbana y conceptual creando espacios de diálogo y creación entre el pasado y el presente. Prueba de ello son los murales ubicados en la avenida Blasco Ibáñez finalizando en su límite con el mar. Estos muros han sido dinamizados a través de una iniciativa de la Universidad de Valencia denominada Festival POLINIZA DOS mediante la cual se han creado diálogos visuales entre los distintos países participantes a las jornadas.

Mientras que en Valencia, muchos de sus barrios tradicionales se encuentran en plena fase de laboratorio, como se acontece desde hace unos años en zonas como El Carmen, en Madrid contamos con diferentes ejemplos con solera en esto de reavivar espacios mediante el arte urbano y desarrollo cultural.

Multiculturalidad y creación

Se podría decir que el castizo barrio de Lavapiés, junto con Malasaña, es el paradigma de la reconversión urbana, social y cultural.  A principios del siglo XX contaba con una larga lista de fábricas que la convirtieron en el auténtico polígono industrial de la ciudad hasta que estás fueron trasladándose más hacia la zona sureste de la ciudad.

Zona popular y obrera que albergó una de las primeras fábrica donde la incorporación de la mujer fue plena, desde la década de los años setenta fue viviendo un progresivo cambio y abandono de los vecinos y de las instituciones públicas. Durante los ochenta y noventa, se convirtió en la puerta de bienvenida de la emigración dotándola de la identidad multicultural que le caracteriza hoy en día. La emigración pueblo-ciudad original fue sustituida por un amplio abanico de nacionalidades.

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Mural de Findac en el interior de La Tabacalera en Lavapiés

Todo este bagaje convierte al barrio de Lavapiés en uno de los epicentros culturales en los que se ha realizado una amplia intervención por parte de colectivos propios del barrio como de instituciones públicas dotándole de un fuerte perfil cultural.

¿Exceso de oferta cultural y de ocio?

Esta clara identidad urbana creada en estos dos ejemplos como en otras grandes ciudades como son París, Londres o Berlín están mostrando claros síntomas de estrés por un exceso de oferta y una voraz demanda de consumo de experiencias. Ejemplo de ello es la  gentrificación que viven muchas de estas áreas.

Este progresivo interés por invertir en estos espacios históricos enjambrados en las grandes ciudades ha derivado en un complejo proceso de gentrificación o aburguesamiento caracterizado por un encarecimiento de la vida en estos barrios y un incremento generalizado de las viviendas. Una de las primeras consecuencias es un nuevo proceso migratorio hacia zonas periféricas más asequibles cuyas consecuencias a medio plazo desconocemos.
Este proceso responde al hecho de que las ciudades que habitamos han ido perdiendo su condición de lugares de producción en favor de espacios de consumo donde los roles de ciudadano y consumidor se entremezclan y diluyen dentro de las dinámicas urbanas.

Lo público es político

En este contexto de cambio urbano y social  con un claro incremento en el interés por las nuevas formas de representación culturales propias de nuestro tiempo como son el arte urbano, los muros de los barrios de las ciudades comienzan a hablar. Entre los interesantes proyectos que han surgido destaca el de Madrid Street Art Project que confronta fraternalmente el arte de calle con lo público como demuestra repetidas colaboraciones con el ayuntamiento de Madrid.

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|| Fuente: http://www.murostabacalera.com

El espíritu de esta organización es poner en relieve la reflexión y las relaciones entre arte  urbano y el espacio público desde distintos ángulos como son la proyección de artista, dinamización de espacios y áreas mediante el arte, y no menos importante, sensibilizando a la sociedad mediante talleres o safaris urbanos. Entre sus proyectos más reseñables, se encuentran las distintas intervenciones de los muros de la antigua fábrica de tabacos, ubicada en Lavapiés, y conocida  popularmente como la Tabacalera

Democratización del arte

A diferencia del arte que observamos en museos y galerías, el arte urbano nos convierte  en espectadores activos.  Espectadores no desde la perspectiva de consumidor que observa unas piezas salvaguardadas en un espacio, como ocurre con los museos o centros de arte.
Desde nuestra condición de ciudadanos que transitamos por las ciudades pasamos a ser partícipes indirectos al caminar por nuestras aceras o como participantes directos al  fomentar este arte como una mejora de una comunidad llegando a convertir los espacios en lugares vivos de color y con nuevas significaciones artísticas, cívicas y sociales.

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|| Fuente: Favela Foundatiom by Haas & Haan

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