Este artículo continúa profundizando en el discurso de la exposición Bulgari y Roma que el Museo Thyssen Bornemisza ofrece hasta el 26 de febrero en Madrid. Un camino iniciado en El camino de Bulgari hacia la Città Eterna (Parte I) y que se remonta a los orígenes de la firma de alta joyería.
A través de este viaje por la Ciudad Eterna, puede observarse cómo la vinculación de Bulgari con los monumentos de la capital italiana sobrepasa la proximidad física. En este aspecto, el caso de la escalera de la Piazza di Spagna es particularmente significativo. La icónica escalinata guarda relación con Bulgari no sólo como escenario y motivo de la creación de sus piezas, sino que también puede constituir una metáfora de su ascenso. El éxito unido al prestigio, consecuencia de la consolidación de su fama, podría interpretarse como la cumbre para la firma, ya que transciende la temporalidad de una suerte efímera.
En la historia de Bulgari, la presencia de la cultura romana es una constante. Dependiendo del período y las tendencias vigentes, los motivos se trasladarán a distintos tipos de diseños y combinaciones. El Panteón de Agripa, la manera en que encajan los adoquines en sus calles o la iconografía asociada a la serpiente y el octógono, son algunos ejemplos mencionados anteriormente.
La elipse de Bernini y Borromini
La transformación de la forma circular a la oval, de reminiscencia barroca, es otro motivo que invita a la firma a adaptar a formas elípticas los volúmenes redondeados en un conjunto de piezas de los años 70 y 80. Estas piezas adoptan rasgos propios de la arquitectura atribuida a este movimiento artístico. La complejidad ornamental a través de una gran variedad de materiales y acabados, la estructura adaptada al carácter dinámico del diseño o la combinación de formas ovaladas, son algunos de ellos.

El «Tridente» de los pontífices y la Piazza del Campidoglio salpicada de rubíes
El «Tridente» constituye la forma que conjugan tres calles rectilíneas al confluir en Piazza del Popolo. Se trata de las calles que fueron inauguradas por sucesivos papas: Via del Corso, Via di Ripetta y Via del Babuino. Los peregrinos, a su llegada a Roma, sufrían la ilusión de ver una misma iglesia repetida en ambos lados de la plaza: las iglesias gemelas diseñadas por Bernini y construidas bajo la orden del papa Alejandro VII en el siglo XVII. Bulgari reconvierte este símbolo romano en los 50 en un collar con un colgante compuesto por tres sartas de rubíes y un lazo.

Más adelante, el mismo motivo es readaptado a unos pendientes. También realizaría un par de broches con rubíes inspirados en el diseño geométrico del pavimento que Miguel Ángel Buonarroti plasmó en la Piazza del Campidoglio. El conjunto, lo lucirá la actriz italiana Anna Magnani, orgullosa de portar estos símbolos de su ciudad.

La presencia del estadio de Domiciano y las alas del Castel Sant’Angelo
Desde una vista aérea, es fácil apreciar la forma alargada de la Piazza Navona. La misma que el estadio de Domiciano ocupaba anteriormente se traslada tanto en sus dimensiones como en sus curvas. Un broche de los años 30 sirve para representar las características espaciales de la plaza, incluyendo sus tres fuentes como tres diamantes de grandes dimensiones.
Por su parte, las alas del ángel del Castel Sant’Angelo son convertidas en pendientes. Estos forman parte de una serie basada en el propio castillo en la que se emplea el platino y los diamantes. Tanto el broche como los pendientes manifiestan la tendencia propia de este período, un estilo vinculado a la tradición de la escuela francesa.
La serie B.zero I y el Coliseo
No podía faltar el Coliseo dentro del elenco de monumentos arquitectónicos representativos de la Ciudad Eterna. Su influencia se atribuye tanto a los elementos de las joyas más contundentes como a la talla circular de los diamantes. También sirve para inspirar la serie de anillos B.zero I, combinando dos de los rasgos distintivos de Bulgari: el diseño flexible de Tubogas y su propio nombre. La estructura en forma de espiral recuerda, una vez más, a una simbología asociada a la renovación eterna.

Los colores que llevan a Roma
La proyección continuada del horizonte de Roma al atardecer muestra los cambios tonales que tiñen los edificios y las calles. Los monumentos arquitectónicos se transforman al unísono mientras el espectador queda envuelto en esta visión panorámica. Dentro de este escenario, la presencia del paso del tiempo como elemento variable contrasta con la aparente inmutabilidad pétrea.
El color se convertirá también en una característica asociada a Bulgari. Tras la II Guerra Mundial, el oro amarillo sustituye las bases incoloras y el oro blanco se incorpora también a sus piezas. La tendencia colorista se impone entonces en forma de composiciones más o menos llamativas, ya sean más contrastadas o más armónicas. Este criterio, en el que la combinación de varios colores toma protagonismo, se utilizará en la representación de la calzada romana.
El Imperio romano sería el constructor de una de las calzadas más importantes para la comunicación y el transporte en tiempos de la república: la Via Apia. La facilidad con la que podían atravesar el extenso territorio gracias a ella garantizó más de una victoria para la antigua Roma. A la manera en que las piedras se insertan para conjugar la calzada, Bulgari introduce las piedras preciosas y semipreciosas para engastarlas en una estructura de oro.

Monete desentierra el pasado
Desde la representación de la calzada romana, el recorrido de la exposición conduce a casi el final del discurso en su propio recorrido circular, con lo que retorna al inicio. Este sentido cíclico también se aprecia en el empleo de antiguas monedas como gemas en la colección Monete, una de las series distintivas de la firma.
En los 70, las piezas de joyería incluyen elementos arqueológicos originales tales como monedas y camafeos. Cada pieza resulta única con tales características compuestas por uno o varios elementos históricos que no se repetirán en ninguna otra. Las piezas arqueológicas son abrazadas por estructuras que dejan visibles ambas caras del material arqueológico, resaltando su singularidad y valor añadido.
Esta tendencia también remite a los inicios de la firma, ya que sus joyas comenzaron compartiendo espacio en la tienda con antigüedades y otros objetos. Algo habitual en establecimientos de este tipo a finales del siglo XIX.

Múltiples diálogos: Roma, Bulgari y el diseño
En su conjunto, la exposición cuenta con recursos audiovisuales como las proyecciones de los monumentos arquitectónicos. Dichos recursos resaltan las líneas del diseño o superponen las piezas de joyería trasladadas a los motivos que las inspiraron y favorecen un diálogo más directo.
El resto de obras de arte que se incluyen en la colección sirven para apoyar esta relación entre ambos mundos. Como ejemplos, el aguafuerte de La Piazza Navona inundada de Giuseppe Vasi y la Basílica de Majencio de Canaletto. También se puede apreciar una gran variedad de fotografías, como las de Irene Kung.
Dentro del discurso expositivo, además de narrar la historia de Bulgari vinculada con la arquitectura de la ciudad, también puede apreciarse la evolución de la firma en las características principales de las piezas al identificarlas con sus diferentes etapas. No obstante, puede ser complicado establecer a priori una secuencia lineal. El orden de las piezas no obedece un criterio cronológico y tampoco se encuentra disponible la información necesaria en los textos de los paneles.
Resulta interesante observar que algunas de las piezas de joyería vienen acompañadas de documentos, fotografías y animaciones que sirven para ilustrar el proceso de creación. Desde la exploración del motivo, el diseño y sus variantes hasta el producto final y su promoción, mediante el uso de su imagen en campañas publicitarias o su exhibición en eventos. Como en las tendencias, toda progresión se asienta sobre una referencia previa, aportando un paso añadido en un contexto también cambiante.
El catálogo de la exposición, la aplicación y un ciclo de conferencias que organiza el Museo Thyssen permiten al público ampliar estos contenidos.
Bulgari y la Ciudad Eterna
Ni siquiera Roma es una excepción frente al inexorable paso del tiempo. La progresiva alternancia entre el día y la noche es solo un signo de cómo cambia todo a cada instante que pasa. Pero además de un hermoso espectáculo que contemplar desde alguna de sus piazzas, la orilla del Tíber o coronando alguna de sus siete colinas, el tiempo se percibe como algo relativo. Las historias individuales conviven con los monumentos arquitectónicos, testigos del paso de las civilizaciones.

Quizás Bulgari haya bebido en más de una ocasión de las fuentes clásicas de Roma, pero no es el único motivo por el que está unida a esta ciudad. Además de compartir camino, la reinterpretación de sus símbolos contribuye a la apreciación de sus monumentos, habiendo participado significativamente además a su recuperación directa. Pasado, presente y futuro coinciden tanto en Bulgari como en la Ciudad Eterna. Una vez más, la recurrente visión romana de la renovación del tiempo toma vida a través de la perpetuación de su memoria.

