En estos candentes días estivales, ha sido noticia harto comentada la estimada visita del presidente Obama a España. Concretamente, al sur peninsular. Sevilla, Madrid y Rota serían los destinos elegidos. Del mismo modo, han sido fruto de dispares comentarios las calabazas prorrumpidas por el presidente norteamericano. Atrás queda, pues, la estampa berlanguiana esperada en la capital andaluza. Estados Unidos está en boca de todos estos días. Ya sea por el atentado de Dallas, la visita relámpago a Madrid o por las propuestas aduaneras en Barajas.

Del mismo modo que la opinión pública asocia Norteamérica con la personificada imagen del capitalismo y consumismo sin parangón, una interesante América se cierne tras la cortina. Esa de La autómata de Edward Hopper. Esa de los Cuentos de la era del jazz de Fitzgerald. Esa del Jack Straw de Jerry Garcia al frente de los Grateful Dead. La América de los poetas. De Kay Ryan y sus canarios de mina, por ejemplo:
«No es arbitrario;
no es curioso;
los canarios de los mineros
sirven fines comunes y corrientes
con apenas un pequeño
toque de ironía.»
Nombres e historias de la poesía norteamericana
Kay Ryan nació en San Jose, California, en 1945. Es un ejemplo de la poesía norteamericana, así como pedagoga en Kentfield. Su pluma desprende versos de una aridez comparada al desierto de Mojave. Ganó, asimismo, el premio Pulitzer por la categoría de “Poesía” en 2011. Es la decimosexta Poeta Laureada de los Estados Unidos, toda una institución de renombre en el país. También destaca entre su palmarés la Medalla Nacional de Humanidades, otorgada por el mismo presidente Obama. Su última publicación, Erratic Facts, salió a la venta el año pasado.

Todo poeta nacido en los cincuenta estados discurre por dos caminos esenciales. Uno de ellos recibe el nombre de Walt Whitman. Viajero incansable. Fue enfermero en la guerra civil norteamericana, siglos atrás. Su obra magna, Hojas de hierba, presenta una completa bocanada de aire fresco en la sociedad estadounidense. Un canto al hedonismo, a la libertad.
El otro camino fue Emily Dickinson. Situada en la antípoda de Walt, vivió la vida de una mujer norteamericana acomodada en Massachusetts. Mientras Whitman contaba con la chispa y la pasión enfermiza, Emily era toda técnica. Ingenio y maestría milimétrica se aunaban en un poemario variado y referente a temas tan dispares como la muerte y la posición de la mujer en la sociedad.
Sin ti, Donald
Uno de las figuras más relevantes del panorama actual de la poesía norteamericana es Donald Hall. Nació en Connecticut en 1928. Estudiante de prestigio, cursó estudios en universidades como Harvard u Oxford. Su actividad literaria comenzó en la cincuentena del siglo pasado, tutelado por la eminencia de Robert Frost. Igualmente, ha sido profesor en centros estadounidenses de la talla de Stanford, entre otros. En 2006, se convirtió en el decimocuarto Poeta Laureado de los Estados Unidos. Destaca entre sus obras el poemario Without, dedicado a la memoria de su esposa fallecida Jane Keyton. El pesar por la pérdida se plasma de manera inefable en versos como Últimos días:
«Aquella tarde en casa
tiraron los medicamentos a la basura.
Jane vomitó. Él lloró,
ella, sin una lágrima en los ojos, callaba
intentando olvidar. Por la noche
él cogió el teléfono
para llamar a los hijos o a algún amigo
con quien hablar de aquel espanto.»

Charles Bernstein es otro de los pesos pesados imperantes en la poesía norteamericana. Nacido en 1950 en Nueva York, estudió Filosofía en Harvard. Cuentan las malas lenguas que soñaba noche tras noche con Ludwig Wittgenstein. Quizá resida ahí la originalidad de sus poemas para unos o desfachatez para otros. Ha sido autor de más de dieciséis obras poéticas, entre ellas All the Whiskey in Heaven. Entre sus obras predilectas destaca Cinta “Lift Off”:
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La poesía norteamericana, en constante emulación del capítulo de Los Simpsons con Robert Pinsky de estrella invitada, continúa su camino ostracista entre la multitud. Cada vez más con la diversidad cultural estadounidense como protagonista. No en vano, uno de los últimos artistas laureados por la Biblioteca del Congreso es Juan Felipe Herrera. Nacido en California, alterna inglés con español en sus poemas. De una forma u otra, intenta imitar el espíritu de libertad de los viejos compañeros norteamericanos. De la mano de Tom Sawyer, Holden Caulfield o Dean Moriarty, siguen en la brecha urbana. En la jungla nuclear.

